La Biblia dice en Salmos 143: 10

“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios.¡Que tu buen espíritu me lleve por un camino recto!”

Ante una crisis de cualquier tipo: económica, familiar, de salud o personal ineludiblemente perdemos la sobriedad, empezamos a dudar e inequívocamente perdemos el rumbo de nuestras vidas de tal manera que llega un punto en esa clase de situaciones en las que no sabemos bien a bien qué hacer. 

En ese punto estaba David, que perseguido por Saúl sin causa alguna, deambulaba por desiertos, cuevas y lugares inhóspitos y a causa de esa situación se sentía agotado física y espiritualmente. Vivía angustiado y atemorizado ante la posibilidad real de ser atrapado por el monarca que también era su suegro. 

En esos momentos de gran tensión la pregunta inevitable que se hacía David y que todos nosotros también nos hacemos cuando las adversidades copan nuestra vida es ¿qué hacemos? Porque cualquier equivocación le podía costar la vida a David. Si se movía por sí mismo sin consultar a Dios el peligro lo acechaba. 

Por esa razón, David apela al Señor para que le enseñe a hacer su voluntad. No es que David no conociera lo que Dios demandaba en la Torá hebrea, que para esos tiempos ya existía por escrito, me refiero a los primeros cinco libros de la Escritura, sino que había cosas muy específicas que él necesitaba saber.

No quería desviarse por eso también en el verso que hoy meditamos le dice al Señor, que tu buen espíritu me lleve por un camino recto. David no quería tomar decisiones de las cuales se fuera arrepentir. Tampoco quería dejarse llevar por la lógica de las circunstancias como mucho hacemos. 

No. David lo que quería era ser instruido en la voluntad de Dios para así actuar en medio de esa terrible situación que estaba viviendo. No deseaba hacer su voluntad porque sabía que podía fallar. Él quería conocer lo que el Señor quería que hiciera para de esa forma actuar con toda seguridad. 

David sabía perfectamente que cumplir la voluntad de Dios le garantizaba éxito en sus proyectos, pero sobre todo paz, la paz que solo viene del cielo cuando estamos ciertos que estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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