La Biblia dice en Proverbios 12:9

“Más vale menospreciado, pero servido, que reverenciado pero mal comido.”

Este verso tiene traducciones que nos permiten una mejor compresión y por supuesto una mejor interpretación. Aquí algunas de ellas:

La versión hebrea lo hace así: “Más vale el que es poco estimado y tiene un criado, que el que simula ser un hombre de rango y le falta el pan”. La versión de la iglesia en América dice así: “Más vale el pobre que tiene un sirviente que el engreído que no tiene para comer.” La versión Reina Valera 1960 dice: Más vale el despreciado que tiene servidores, que el que se jacta y carece de pan.”

La versión católica de la iglesia en América dice también: “Más vale ser modesto y valerse a sí mismo, que ser presuntuoso y no tener pan”. La Biblia de Jerusalén lo presenta así: “Mejor ser despreciado, pero servido, que se engreído y mal comido”. La Nueva Versión Internacional lo ajusta así: “Vale más un Don Nadie con criado, que un Don Alguien sin pan.”

De esta manera podemos comprender con claridad la esencia del proverbio que hoy meditamos. Salomón nos está presentando una situación que se repite en todas las culturas: dejarnos llevar por las apariencias y pensar que la alcurnia, el abolengo o estirpe de alguna persona es mejor que la modestia y sencillez.

Aunque hoy en día los títulos nobiliarios han perdido su fuerza y hace siglos que dejamos de oír sobre duques y duquesas, condes y condesas, barones, príncipes y princesas, lo cierto es que dejarnos llevar por lo que aparenta una persona sigue siendo algo muy común y corriente.

Menospreciamos a las personas que según nuestro extraviado no tienen renombre o no viven en determinado lugar o no comen determinada dieta, aunque tengan un honesto estilo de vida y en cambio nos fascina encumbrar o reconocer a quienes aunque no tengan ni para comer vivan en tal país o tenga determinado color de piel.

Salomón desea profundamente que abramos los ojos, que seamos más sensatos a la hora de calificar a una persona, no por su apariencia, sino por el estilo de vida que lleva y aunque no nos agrade sepamos diferenciar que es más importante una persona modesta con una forma honesta de ganarse la vida, que una persona que aparenta una grandeza o influencia, pero en realidad no posee nada.

El rey sabio de Israel nos está haciendo ver el gran error que cometemos al dejarnos llevar por las apariencias y sobre todo de menospreciar a las personas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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