La Biblia dice en Juan 8:51

De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.

Introducción

Jesús fue exigente a la hora de presentar el grado de compromiso que se requiere para ser su discípulo. Al finalizar el primer discurso que Mateo registra en los capítulos cinco, seis y siete, que se conoce como el Sermón de la Montaña, hizo esta declaración:

24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mt. 7:24-27.)

Sus enseñanzas, como lo hemos dicho anteriormente, no eran novedosas formulaciones entre los judíos, acostumbrados a oír a maestros por doquier. Sin embargo, su mensaje tenía una carácter definitivo en cuanto a la voluntad divina. Era el último mensaje de parte de Dios a la humanidad para llamarla al arrepentimiento.

Planteado de esta forma podemos comprender su insistencia en tomar una determinación seria y pensada con respecto a su persona porque ni era un juego, ni tampoco una moda o una asunto menor. Era una decisión de la que dependía no solo el bienestar en esta vida, sino el destino final y eterno de cada persona.

Al respecto dijo lo siguiente en Lucas 14:25-33

25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Cristo siempre quiso que todos hicieran una valoración rigurosa para seguirlo porque ir tras él implicaba dejar un estilo de vida, renunciar a dirigir su vida como les pareciera y enfrentar las contradicciones que él vivió mientras estuvo en la tierra y resistir hasta el final todas las penalidades que trae consigo hacer el bien y padecer por ello.

Jesús sabía perfectamente que su palabra enfrentaría resistencias en la vida de las personas porque el maligno, el sufrimiento y la persecución y la preocupación del mundo y el engaño de las riquezas serían los grandes enemigos para que la palabra de Dios diera fruto en los corazones.

Uno ha de preguntarse la razón por la que Jesús fue tan riguroso a la hora de hablar de la clase de compromiso con el que uno ha de seguirlo y la respuesta la encontramos justamente en lo que hemos de recibir. Sus promesas son el motor que mueve o debe mover a todos.

El compromiso que tenemos con Jesús deriva en el tipo de promesas que tenemos, no solo en esta vida, sino particularmente en la venidera y justamente esa es la certeza que hoy estudiaremos.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de la recompensa

A. Por la obediencia
B. Para no morir espiritualmente

Jesús vino al mundo para enseñarnos que este no es el hogar definitivo del hombre. Que a la muerte cada quien partirá en dirección que decidió durante su estancia en este planeta. La vida eterna o la condenación eterna. Son solo dos lugares de lo que él habló. Le pidió a todos que lo escucharán para que fueran a un lugar de dicha y paz, pero no obligó a nadie.

A. Por la obediencia

La frase “guardar mi palabra” es común en el evangelio de Juan. La encontramos en este verso y también en los siguientes 8:52 y en 12:47, 14:23-24 y 15:20.

La frase se puede traducir de diversas forma: desde poner en práctica lo que Jesús dijo, hasta obedecer las palabras de nuestro Señor. Con e esta forma de presentar la afirmación de Jesús podemos comprender que la obediencia que Cristo demanda es el punto de partida para alcanzar una promesa en particular.

El que guarda mi palabra, dice Cristo, para referirse a aquel creyente que se sujeta a su voluntad, a la voluntad divina, tiene una promesa. Obedecer es la principal demanda que Jesús puso ante sus discípulos y es el requisito esencial para seguirlo. Cristo nos mostró que atender sus palabras representa la base de la vida cristiana.

La obediencia significa ajustar nuestra vida a lo que Dios pide y dejar de hacer nuestra propia voluntad. Es el sometimiento total de lo que pensamos y decimos para dejarlo sujeto a los que el Señor nos demanda. Ese es el significado de guardar su palabra.

B. Para no morir espiritualmente

Jesús dejó azorados a sus interlocutores cuando afirmó que el resultado de la obediencia y sujeción a la voluntad de Dios era nunca ver muerte. Evidentemente Jesús no hablaba de la muerte física porque él mismo sabía que iba a morir. Se refería a la vida eterna de la que ya hemos hablado en otra de sus certezas.

Aquí queremos enfocarnos en el cumplimiento de una promesa dada por Jesús a sus seguidores. Jesús deseaba que los que lo escuchaban pudieran entender que obedecer lo que les planteaba tendría una recompensa. Que sus palabras tenían una categoría superior a sus tradiciones.

Las palabras de Jesús son verdad y son vida. Al ponerlas por obra esa verdad y esa vida se transfieren a quien las practica y en consecuencia vive para siempre y no muere eternamente. Es una certeza que todos deben conocer y tener en consideración siempre, sobre todo en momentos en los que vacilamos si obedecemos a Dios o no.

Las palabras de Cristo tenían como aliciente la promesa de un mejor futuro. Pablo sostuvo siempre que las tribulaciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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