La Biblia dice en Juan 6: 32

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

Introducción

Los judíos a los que Cristo les dijo: De cierto, de cierto les digo que me buscan, no porque hayan visto las señales, sino porque comieron el pan y se saciaron, siguieron platicando con él porque no quedaron conformes con la certeza de lo trascendente que les dijo el Señor y la charla llegó al tema del maná.

La conversación llegó a ese tema porque ellos se defendieron de buscar el pan material. El maná que los judíos recibieron en el desierto por cuarenta años al final de cuentas era un pan material. Era un alimento estrictamente físico que recibían seis días a la semana porque el séptimo no caía nada en el campamento de Israel.

Ellos le denominaron pan del cielo y creyeron firmemente que fue Moisés quien se los dio, Cristo les aclara con toda seguridad que esa comida que recibieron, sin hacer absolutamente nada, en realidad era una bendición del propio Padre que los sustentó durante todo su viaje de Egipto a la Tierra Prometida.

Y a partir de esa declaración los lleva una certeza más. La certeza de la satisfacción genuina que necesitaban conocer y para ello Cristo hace un comparación clara entre el maná y el pan que descendió del cielo mismo y que era justamente él. Ellos necesitaban diferenciar claramente entre el maná que sus padres comieron en el desierto y los panes y peces que Cristo les había dado.

Para mejor comprender esta verdad leamos el pasaje de Juan 6:28-35 que dice así:

Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto,como está escrito: Pan del cielo les dio a comer 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Jesús quería decirles que el maná respondió a una necesidad estrictamente material. De hecho muchos de quienes comieron de ese pan ni siquiera llegaron a la tierra prometida porque murieron en el desierto, en cambio el pan que ahora tenía a la mano era un pan que además de darles vida eterna, les daba satisfacción, plenitud.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de la satisfacción genuina

A. Corrige la insatisfacción
B. Evita el enfado

Cuando uno se acercamos a la historia del maná que llegó a los judíos en su periplo de Egipto a la Tierra Prometida, descubrimos que Dios los alimentó luego de una gran murmuración de ellos diciendo que no tenía sentido haber salido de las riberas del Nilo si habían emigrado solo para morir. Extrañaban las ollas de carne, las cebollas y los ajos egipcios.

El libro de Éxodo nos explica perfectamente todas las ocasiones en las que los hebreos se revelaron contra Dios (10 veces en total). Pidieron agua, exigieron carne, demandaron mayor seguridad y un largo etcétera, aún cuando todos los días comían el maná. La historia de cómo se alimentaban la encontramos en Éxodo 16.

Tenían resuelto su problema principal que era comer, pero había necesidades más profundas que el maná no resolvía porque tenían un corazón sumamente endurecido y por eso Jesús les explica claramente que hay una gran diferencia entre ese alimento y el que ahora él les ofrece.

Ellos pensaban equivocadamente que el maná ahora había sido cambiado por panes y peces y que así como Moisés les había dado de comer a sus padres, ahora Cristo sería el encargado de darles de comer materialmente. Cristo los corrige con la certeza que hoy estudiaremos: La certeza de la satisfacción genuina.

A. Corrige la insatisfacción

Los judíos de los tiempos de Moisés con todo y que recibían diariamente su porción de maná vivían insatisfechos. El problema de la insatisfacción, enfado, descontento o decepción radica esencialmente en que las expectativas que las personas tienen no se cumplen.

El mejor ejemplo que encontramos de esta clase de personas está en la mujer samaritana. Seis relaciones de pareja y aún no se sentía satisfecha. A ella Jesús le ofreció agua viva que salta para vida eterna a fin de saciar no su hambre, pero sí su sed, una manera retórica para hacerle ver que sus necesidades afectivas y sentimentales solo tenían solución en Jesús.

Cuando Jesús les dice a sus escuchas que: No os dio Moisés el pan del cielo les está, en primer lugar, corrigiendo sobre la naturaleza de lo que comieron en el desierto. Ese era un pan que si bien venía del cielo porque caía todas las mañanas en el campamento judío, no resolvía las profundas necesidades internas que hay en la vida de las personas.

Y es que los seres humanos somos complejos porque lo que unos tienen y los aburre, otros lo desean y piensan que si lo obtienen serán inmensamente felices, pero cuando acceden a eso que tanto buscaban se dan cuenta que la insatisfacción sigue allí, presente, ahogándolos y a veces hasta torturándolos.

Jesús quería y quiere que todos los hombre comprendan que la insatisfacción que todos experimentan tiene remedio, pero para resolverlo se necesita, en primer lugar, reconocer que las contrarieades y disgustos que llegan a nuestra vida no se resuelven con cosas materiales como la comida, la ropa, los coches o los bienes.

Cristo es quien logra corregir la insatisfacción. Solo él puede llenar los grandes vacíos del alma que hay en todos los seres humanos. El hombre no es solo materia, es también espíritu. Lo material satisface estrictamente solo lo físico, pero las necesidades internas del hombre solo tienen una manera de resolverse: a través de Cristo y su palabra.

B. Evita el enfado

Cristo les dijo a sus interlocutores: “Mas mi Padre les da el verdadero pan del cielo.” Y en esas palabras o afirmación dejó en claro que él es el único con la capacidad suficiente para evitar el enfado o la frustración que llega a la vida de las personas es Cristo, sin importar el tamaño del vacío que tengan, Cristo lo llena todo.

Para comprender cabalmente estas palabras de Cristo debemos tener claridad sobre el papel del pan en la dieta de los judíos. Ese artículo era fundamental por no decir esencial a la hora de la comida hebrea. Una casa estaba bendecida si el “lejem” o pan abundaba y en cambio tenía graves carencias si faltaba.

El pan verdadero es una expresión que apunta a los panes falsos con los que el hombre y la mujer han tratado de llenar su corazón, pero que de ningún modo han logrado ni lograrán satisfacer plenamente las profundas necesidades que hay en el corazón y en el alma de los humanos.

Cristo es el pan de vida y el que a él va, nunca tendrá hambre; y el que en él cree, no tendrá sed jamás. Hambre y sed son las necesidades básicas y generales que todos las personas experimentan. Cristo no está hablando aquí en términos físicos, sino en términos estrictamente espirituales.

Los seres humanos experiementan ansiedad, sufren de angustia y zozobran en medio de tantas y tantas dificultades que llegan a su vida. Tienen hambre y sed y no saben como satisfacerlas.

Cristo nos muestra con la irrefutable certeza de la satisfacción genuina que sólo en él todos podemos encontrar la realización plena, podemos ser llenados con su presencia a fin de dejar de vivir con ese vacío que no pueden llenar ni los bienes, ni los amigos, ni las riquezas más elevadas.

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