La Biblia dice en Juan 12:24

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

Introducción

La vida cristiana es una vida productiva en todos los ámbitos, pero particularmente en términos espirituales. El verdadero creyente produce frutos que el Espíritu Santo provee cuando nos dejamos guiar por él. Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza es el resultado de creer y confiar en Cristo.

Evidentemente una vida que se deja controlar por Dios también produce frutos materiales, sin embargo el discípulo del Señor debe estar consciente que la primera gran cosecha que su vida dará al Señor sigue el mismo proceso que un grano: tiene que morir a sí mismo para producir al treinta, al sesenta y al ciento por uno.

Jesús tenía claro que para que su vida alcanzara el propósito por el cual el Padre lo había enviado a la tierra era indispensable que padeciera, fuera azotado y lastimado, se burlaran de él y finalmente lo crucificaran y morir para entonces llevar no fruto, sino mucho fruto y a partir de su experiencia trazó el camino para todos sus seguidores.

El creyente debe dar fruto. El Hijo de Dios debe dar resultados o evidencia de que ha sido regenerado. Una vida sin fruto es una vida que pone en seria duda la veracidad de una conversión a Cristo. La maldición de la higuera estéril de la que nos hablan los evangelios es uno de los ejemplos más claros que la vida debe utilizarse para servir.

La certeza de llevar mucho fruto fue formulada por Cristo aplicada a su vida. Conociendo de antemano todo lo que pasaría formuló esta verdad que debe moldear la vida de todos sus seguidores porque nadie, absolutamente nadie, que sea su seguidor puede dejar de dar fruto.

La parábola del sembrador señala con toda claridad que la semilla, en referencia a la palabra de Dios, que cae en buena tierra produce fruto al treinta, sesenta y ciento por uno como una expresión de la necesidad y el imperativo de que los seguidores del Camino rindan resultados de su fe.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de llevar fruto

A. Viviendo sin egoísmo
B. Viviendo para servir a otros

Para comprender mejor esta certeza leamos el pasaje completo donde Cristo la citó:

20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. 21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. 22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. 23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Jesús recurrió a un ejemplo agrícola para expresar una profunda verdad. El grano de trigo que se planta debe morir para dar mucho fruto. De idéntica manera el creyente debe proceder con su vida haciendo dos cosas: morir a su egoísmo y dedicarse a servir a Dios y al prójimo.

A. Viviendo sin egoísmo

El verso veinticinco de este pasaje dice de la siguiente manera:

El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

La versión Dios Habla Hoy traduce este verso así: “El que ama su vida, la perderá; pero el que desprecia su vida en este mundo, la conservará para vida eterna.” En tanto que la versión la Biblia de América dice así: “Quien aprecie su vida terrena, la perderá; en cambio quien sepa desprenderse de ella, la conservará para vida eterna.”

Vivir para uno mismo es una manifestación clara del egoísmo que todos padecemos. Pensamos siempre en nosotros mismos antes que en los demás. Desprendernos de nuestros gustos, nuestros placeres y nuestras inclinaciones es una lucha que tenemos todos los días y debemos resistir contra todas esas distracciones.

La expresión “amar nuestra vida” es una manera de llamar a la egolatría de las personas que dista grandemente de la actitud que Cristo nos enseñó y que Pablo retrata muy claramente en Filipenses 2:5-8 que dice así:

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Jesús no amó su vida en este mundo. Al contrario se desprendió de ella y se convirtió en ese grano de trigo que murió para dar fruto, un fruto que permance hoy en día porque entregó toda su existencia al Creador y fue a la cruz para redimir a la humanidad.

B. Viviendo para servir a otros

En el verso veintiséis de nuestro pasaje donde encontramos la certeza de llevar mucho fruto dice de la siguiente manera:

Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Para Jesús es fundamental que los discípulos se conviertan en sus servidores. La palabra servicio estaba asociada a la servidumbre a la que estaban dedicados los esclavos o criados de la época en que ejerció su ministerio. Una manera de descubrir si llevamos fruto es el tamaño de nuestro servicio a los demás.

El verso veintiséis dice de la siguiente manera en la versión Dios Habla Hoy: “Si alguno quiere servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también el que me sirva. Si alguno me sirve, mi Padre le honrará.” Podemos fácilmente notar el énfasis en la expresión servir que se repite al menos tres veces en este verso.

A lo largo de todo su ministerio dejó constancia de su vocación de servicio. Fue el evangelio de Marcos el que mejor retrató esta disposición cuando el Señor afirmó categórico: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.”

Vemos claramente que el servicio o labor a la causa de Cristo está profundamente asociada a dar la vida por los demás. Esta estrechamente relacionada con morir a un mismo para ayudar a nuestro prójimo tal y como Jesús lo hizo al entregar su vida de manera voluntaria ante el Padre para redimirnos de la maldad y del pecado.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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