La Biblia dice en Juan 13:21

Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.

Introducción

Jesús preparó a sus discípulos para uno de los eventos más tristes que todos ellos vivirían cuando Judas el Iscariote lo traicionara. Jesús hizo por su discípulo hasta el último momento. Le lavó los pies como un intento más para hacerle recapacitar de los planes que ya había decidido en su corazón.

La figura de Judas es quizá la que más interrogantes teológicas plantea porque es difícil comprender su actuación como delator y traidor de su Maestro. Pero las palabras de Cristo nos muestran el conocimiento anticipado de todas las cosas que le sucederían y sobre todo de lo que vivía su apóstol.

Esta certeza nos lleva irremediablemente a revisar la vida y obra de Judas con los datos que nos aportan los evangelios. Cito aquí la introducción de la biografía de Judas que compartí con ustedes en abril del 2019:

Ningún otro personaje como Judas Iscariote concita e incita tanta animadversión. Judas es el traidor por antonomasia, es decir el solo hecho de mencionar su nombre nos evoca al traidor, a los traidores. No solo en cada Pascua su nombre se convierte en una advertencia y en un llamado de atención para todos los seguidores de Cristo, sino siempre.

Es la historia de uno de los más estrepitosos fracasos. Y en el cristianismo el fracaso es sinónimo de descomposición, de derrota, un hecho que resulta difícil de comprender puesto que tenemos a Cristo, El Vencedor. Por eso es que la historia de Judas es siempre indispensable de conocer, de estudiar, de repasar.

Judas nos recuerda la importancia de revisar siempre nuestras motivaciones, de analizar lo que hacemos y por qué lo hacemos, pero por encima de todo ellos, revisar seriamente nuestras pretensiones a la hora de seguir a Cristo. Judas será siempre el gran ejemplo a no seguir.

Y su presencia en los evangelios está allí para recordarnos que nuestro compromiso con Cristo debe prevalecer sobre todo. Nada ni nadie debe anteponerse entre el Maestro y nosotros y a la hora de decidir entre Él y cualquier otra cosa la mejor opción y la única siempre será Cristo.

Pero con este estudio que hoy haremos, la figura de Judas nos ayuda a comprender que hay cosas inevitables. Hechos que tienen que ocurrir y frente a ellos debemos tener la actitud correcta. Jesús les aseguró a sus discípulos que vivirían una experiencia sumamente dolorosa con su compañero de llamado.

Jesús nos enseña que lo inevitable puede ser enfrentado con gallardía, hombría y valor por más absurdo, doloroso y contradictorio que parezca. Lo fatal de algunas circunstancias puede ser experimentada con el auxilio de nuestro Salvador que supo que uno de sus más íntimos amigos lo traicionaría.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de lo inevitable

A. En situaciones que nos conmueven
B. En situaciones que nos dañan

21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu, y declaró y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. 24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. 25 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? 26 Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. 27 Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. 28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. 29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta; o que diese algo a los pobres. 30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya de noche.

A. En situaciones que nos conmueven

Los evangelios suelen decir que Jesús se conmovió en espíritu. La palabra griega que usa Juan aquí es tarassó. Esta palabra la usa en siete ocasiones. Dos veces en el capítulo cinco para referirse a la agitación con que se movían las aguas del estanque de Betesda. En ese sentido la palabra connota la idea de un estado sumamente alterado en una persona.

Juan retrató perfectamente a Jesús en su evangelio cuando escribió que al decir que alguien lo iba a entregar estaba agitado. Algunas versiones en lugar de conmovido en espíritu vierten como atribulado. En Juan 11:33 tarassó se traduce como “se estremeció en espíritu.”

Jesús nos aproximó de esta forma a todas aquellas situaciones que son inevitables y que uno desearía con toda el alma que no llegaran, pero la verdad es que vendrán a la vida y quiere que nosotros estemos preparados o advertidos para comprender que vienen y saber tratar con ellas.

La palabra tarassó la versión Reina Valera 1960 la traduce de tres formas: turbar, conturbar y perturbar.

Esto fue lo que encontré en el internet sobre este tema:

Turbar es alterar/aturdir: “La noticia de que entraríamos en guerra turbó al pueblo.” Perturbar puede referirse a alguien perturbado (loco) o a quitar la tranquilidad o interrumpir el descanso. “Los ruidos de los coches perturban el sueño.” “Su cara me perturbó / era perturbadora” (daba miedo).

Jesús sabía que venían a su vida momentos de gran aturdimiento, intranquilidad y hasta terror que lo pondrían en una situación de ansiedad. Que gran bendición saber que si bien no llegarán a nuestra vida estas tres situaciones juntas, porque no lo soportaríamos, lo que venga lo podemos enfrentar junto con Cristo.

B. En situaciones que nos dañan

Jesús les dijo claramente a sus doce discípulos que sería entregado. Judas sería el encargado de traicionarlo y señalarlo ante los religiosos de su tiempo para que lo detuvieran, lo procesaran y finalmente lo entregaran a Poncio Pilato para que lo ejecutara acusado de blasfemia por ellos y enemigo del imperio romano por parte del gobierno de Roma.

Jesús ya tenía claro que vendrían a su vida estas circunstancias. Estaba seguro de ellas. Sabía que no tenía escapatoria porque era la única forma de redimir a la humanidad y por eso lo dijo, no sin perturbarse porque sabía lo que eso significaba para él: dolor, sufrimiento y gran pesar.

Sin embargo, sabía muy bien que ese era su destino y lo asumía con entereza, estremecido, claro, pero con determinación sabiendo que no había otra alternativa para su vida para mostrarnos que ante todo aquello que no podemos evitar debemos asumir una actitud correcta, confiando que Dios sabe nuestros miedos y terrores.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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