La Biblia dice en Juan 14:12

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago , él las hará también; y aun mayores hará porque yo voy al Padre.

Introducción

La función de Cristo en la tierra fue revelar al Padre. En sus discursos que registra el evangelio de Juan fue insistente en esta verdad porque para sus discípulos resultó sumamente complicado comprender esta parte del mensaje que Jesús trajo a la tierra durante su ministerio.

De hecho justamente en Juan catorce Jesús se sorprende por la petición de Felipe que le pide que le muestre al Padre. Jesús reacciona diciéndole a su apóstol que él mismo es la representación del Padre. Que todo lo que hizo y dijo con ellos procedía del Padre, que no había operado individualmente sino en perfecta subordinación con su Padre.

La revelación de Dios como un Padre ya existía en el Antiguo Testamento. Por ejemplo el salmo 103:13 dice: Cómo el Padre se compadece de los hijos, así se compadece Jehová de los que le temen. Y así en otros versos, pero fue Jesús quien la asentó como una verdad inamovible y perpetua.

Dios el Padre es una formulación de la Biblia que fue desarrollándose de manera progresiva hasta alcanzar el grado de doctrina que nos ayuda asimilar mejor la clase de Dios que seguimos. Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, les enseñó el Padre nuestro.

A partir de la manifestación de Cristo en este mundo todos los que invocamos al Dios de Abraham, Isaac y Jacob podemos hacerlo diciéndole Padre, incluso el apóstol Pablo fue más allá cuando nos enseña que podemos decirle Abba, que literalmente significa papacito, papito o papi.

La relación entre los creyentes y Dios es ahora justamente como la de un Padre con sus hijos. De hecho Juan dice que somos llamados hijos de Dios porque la simiente de Dios ha sido implantada en nuestra naturaleza y esa es la razón por la que podemos amar a nuestros enemigos en lugar de odiarlos.

En esta certeza que hoy estudiaremos Cristo plantea esta profunda verdad. La verdad de Dios como Padre y Cristo como intercesor para seguir haciendo su obra, una obra mayor porque la suya fue Jerusalén, pero la de sus seguidores sería en todo el mundo.

Algunos han confundido la frase “aun obras mayores harán” con señales y milagros que Jesús hizo y eso es inexacto porque nunca nadie podrá hacer más que lo que Cristo hizo, sin embargo la iglesia primitiva y la actual han llevado la salvación de Cristo a todos los lugares del mundo y en eso se ha hecho más que Cristo que solo predicó en Judea.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de su intercesión

A. Para quienes creen en Cristo
B. Para hacer las obras de Cristo

Según el contexto del texto que hoy meditamos, los discípulos se quedarían solos porque él, que procedía del Padre, retornaría a su lugar que tuvo antes de encarnarse y gestionar con su vida nuestra salvación, para convertirse en el intercesor de nosotros ante el Padre celestial.

Cristo iba al Padre o fue al Padre para que nosotros tuviéramos un intercesor por nosotros, para que el Padre pudiera atender nuestras rogativas, peticiones y oraciones. La razón de este ministerio de Jesús radica en la necesidad que la iglesia tiene de continuar con la obra de Cristo en esta tierra.

Cristo quería que sus discípulos comprendieran bien o que les quedará claro que tienen y tenemos un intercesor. Que no debemos dudar ni dejarnos engañar por las circunstancias adversas porque tenemos alguien que nos asiste, alguien que pide al Padre por nosotros.

A. Para quienes creen en Cristo

La parte fundamental de la intercesión de Cristo radica en que solo intercede por quienes han creído en él. Creer en él es el punto de partida para obtener este gran beneficio de tener a alguien llevando al Padre nuestras necesidades, peticiones y clamores en este mundo lleno de maldad.

En muchos estudios y enseñanzas hemos visto que la palabra creer no es solo un asentimiento mental o racionamiento lógico sobre una verdad, en este caso sobre Dios, sino una aceptación y compromiso con esa verdad de tal manera que esa creencia o fe influye grandemente en nuestra vida.

Haremos lo mismo que Cristo no por nuestra piedad, no por nuestro talento ni muchos menos porque somos buenos, sino porque él ha ido al Padre y desde allí ruega por nosotros.
Creer en Cristo nos capacita para hacer su obra. Creer en Cristo, entonces, se revela porque hacemos su obra, creer en él de ningún modo quiere decir que nos quedemos en un estado estático o sin hacer nada. Todo lo contrario al creer, confiar y esperar por completo en él nos impulsa a hacer lo que él hizo: amar, ensañar y hacer el bien.

Sí, somos unos privilegiados por creer en Cristo porque intercede por nosotros, pero ese privilegio a su vez es una responsabilidad porque estamos llamados a hacer su obra con entusiasmo, con renovado interés y anteponiendo lo mejor de nosotros al llevar su mensaje a todos lados.

B. Para hacer las obras de Cristo

Cristo dijo en esta certeza que los creyentes harían obras mayores que él, en razón de que él iba al Padre a interceder por nosotros. Como lo he comentado líneas arriba es necesario siempre precisar que las obras mayores se refiere a la masiva evangelización que la iglesia del primer siglo llevó a cabo en el mundo gentil.

Siempre nos produce una alegría inmensa saber que alguien habla a favor de nosotros, tener la seguridad que otra personas se ocupa de favorecernos ante personas con capacidad o con poder siempre nos hace sentir muy bien y eso es lo que trae a nuestro corazón cuando sabemos que Cristo habla ante el Padre por nosotros.

Sin embargo, esa labor o ministerio tiene como propósito fundamental que nosotros hagamos la obra de Dios y hagamos un trabajo superior o más grande que el que él hizo y eso a veces nos hace pensar que eso nunca lo lograremos, pero Cristo hizo mucho en tres años, cuánto más no haremos nosotros si dedicamos nuestra vida a hablar a los perdidos.

Llevar la salvación a quienes no conocen a Dios es la tarea que tenemos todos y Cristo está comprometido a interceder por nosotros para hacer esa labor. No debemos dudar ni sentirnos abandonados a la hora de hacer la obra del Señor, Cristo nos dejó esta certeza para nunca olvidar que él esta ayudándonos.

Cuando Esteban proclamaba el mensaje de salvación y fue asesinado por los adversarios de la fe, Dios le permitió contemplar de cerca la presencia de Cristo ante Dios y lo planteó así en Hechos 7: 55-56.

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, 56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.

Cristo intercedía por él y también Cristo intercede por nosotros y de eso quiere que estemos completamente seguros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario