La Biblia dice en Juan 13:38

Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.

Introducción

La negación de Pedro pasó por la certeza de Cristo o en otras palabras la negación de su nombre por parte de Pedro fue un hecho que Cristo conoció mucho antes que ocurriera. De hecho el relato que Lucas hace nos permite conocer que fue una lucha espiritual en la que Cristo intervino a favor de su discípulo.

En ese evangelio encontramos este pasaje de la siguiente forma (Lucas 23:31-34):

31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

Nos queda claro que Cristo intercedió por su apóstol ante la tremenda lucha espiritual que viviría cuando comenzara la pasión de Cristo. Esos días serían de gran prueba para todos los seguidores, pero particularmente para su testarudo discípulo que se envalentó confiando en sí mismo sin saber que libraría una gran batalla.

Jesús sabía perfectamente lo que viviría Pedro. Juan registra la frase que ha dado pie a nuestra serie “Las irrefutables certezas de Cristo” al escribir que Cristo le anunció que lo negaría tres veces, a pesar de que Pedro rechazó tal afirmación, los evangelios señalan con claridad la triste experiencia de Pedro.

Nos acercamos así a una de las más maravillosas expresiones de la providencia del Señor ante las grandes necesidades de sus seguidores. Con esta certeza el Señor nos permite observar el gran cuidado que tiene hacia nosotros. Evidentemente no aprueba nuestras debilidades, pero que las conoce e intercede por cada uno.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de su providencia

A. Para auxiliarnos cuando nos hace falta valor
B. Para auxiliarnos cuando nos hace falta fe
C. Para auxiliarnos cuando confiamos en nosotros mismos

Hablar de la providencia de Dios es hablar de uno de los aspectos que más llenan nuestro corazón porque nos hace ver que Dios está pendiente de lo que nos ocurre y que extiende su mano de amor para sustentarnos cuando las fuerzas se nos acaban o cuando el desánimo es inmenso.

Si bien los término providencia y divina providencia no aparecen como tales en la Escritura, el principio de la intervención divina en la vida de los hombres está más que probado y el sentido que utilizaré en este estudio es justamente ese: Dios cuida de nosotros de manera sobrenatural cuando requerimos esa clase de apoyo.

A. Para auxiliarnos cuando nos hace falta valor

Jesús le preguntó a Pedro ¿Tu vida pondrás por mí?, cuando el apóstol aseguró orondo que él no dudaría un instante de ir con Cristo a la cárcel e incluso morir por él. Lo hizo para hacerle notar que esa determinación requiere más que entusiasmo, requería valentía y eso era lo que Pedro no tendría en los momentos posteriores a la detención.

En situaciones normales los seres humanos somos fuertes, valientes, inteligentes, sobrios y hasta entusiastas, pero la gran prueba para todos es mantener ese talante en las horas en las que se pone en la balanza nuestras convicciones ante el peligro de muerte o el riesgo de sufrir afectaciones por nuestras creencias.

Pedro le dijo a Jesús que él sería su más solidario seguidor en cualquier circunstancia. Claro, lo dijo, cuando nadie perseguía ni a Cristo, ni a él. Era fácil hacer cualquier compromiso, pero cuando una mujer lo reconoció como uno de los que habían estado con Jesús negó categórico cualquier relación con el nazareno.

Los evangelios solo señalan a Pedro como el discípulo que se comprometió a no dejar al Señor independientemente de lo que sucediera. Los otros once no dijeron nada. Solo callaron y vieron y oyeron a Pedro comprometerse con el Señor. Que terrible ridículo y que vergüenza para él cuando el gallo cantó.

Pero, el Señor había pedido por él para que en esos momentos pudiera enfrentar ese gran tropiezo que implicaba haber sido el único en haber hablado para asegurar que no lo dejaría e incluso que moriría por él y en cuanto llegaron las amenazas cambio de actitud y rechazó conocerlo.

B. Para auxiliarnos cuando nos hace falta fe

En Lucas 22:31-32 encontramos el conflicto que Pedro viviría:

31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Pedro sería zarandeado cómo trigo. El trigo de los tiempos de Jesús se sacudía violentamente para obtener los granos y desechar la cáscara y la hojarasca que no servían para nada. De esa forma se obtenía solo el fruto y se desechaban las impurezas. Jesús usó esa figura para describir lo que vendría a la vida de Pedro.

Jesús le advirtió claramente a Pedro lo que venía para su vida. Y también la actitud que esperaba de él, luego de negarlo en tres ocasiones. Se necesitaría fe para reconciliarse primero consigo mismo y luego con el Señor. El tropiezo que viviría sería muy grande y necesitaría perdonarse a sí mismo por su enorme cobardía.

El discípulo necesitaría fe y Cristo le estaba anunciado que él había orado a Dios para que en esos momentos no le faltara. Es interesante notar que Cristo oró por Pedro, pero el apóstol tendría que tener fe. Eso quiere decir que en la vida cristiana Dios hace muchas cosas por nosotros, pero hay otras que nosotros tenemos que hacer.

Cristo nos garantiza, por supuesto, que su providencia se manifestará en esos días cuando nuestra fe haga falta, pero indiscutiblemente tendremos que ser nosotros mismos los que depositemos nuestra confianza en él.

C. Para auxiliarnos cuando confiamos en nosotros mismos

Pedro llegó hasta el punto de negar a Cristo porque confió demasiado en sí mismo y muy poco en Cristo. Ese fue el gran error del apóstol: creer que eran suficientes sus fuerzas, pensar que su “valentía” serviría de algo ante lo que se avecinaba a su vida, lo que en realidad resultó simplemente una enorme equivocación.

Es necesario saber que nuestras capacidades y talentos pueden ser muy buenos, pero si carecemos del auxilio de Dios fracasaremos como fracasó Pedro en lo que es uno de los pasajes más conocidos de los evangelios, no solo por los cristianos, sino aún por los inconversos que citan la negación de Pedro.

Cristo quiso enseñar una lección inolvidable a su discípulo al decirle que sería un gallo el que cantaría cuando se cumplieran las tres ocasiones en que lo negaría. Fue tan precisa esta señal que los evangelios dicen que cuando esa ave cantó, Pedro lloró amargamente al recordar la promesa que había incumplido.

Cristo le extendió su mano a Pedro aún en esos momentos de gran desolación, sabía que la necesitaría para reivindicarse y volver con los apóstoles a mostrarles que confiar en uno mismo puede ser muy peligroso.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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