La Biblia dice en Juan 10:7-10

De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. 9 Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Introducción

Para hacer entendible su misión en este mundo Jesús recurrió a ejemplos muy sencillos. Con los hebreos se presentó como la puerta de las ovejas y también como el pastor de las ovejas. De esa forma ratificó o patentizó el propósito de su presencia en esta tierra: garantizar no solo seguridad, sino una vida abundante para todos los seres humanos.

Presentándose como la puerta y como el pastor de las ovejas, Jesús mostró su deseo y voluntad de que sus interlocutores y nosotros mismos comprendiéramos que su presencia entre nosotros era para vivir a plenitud, pero a plenitud sin dañar a otros, sin lastimar a nadie en busca de nuestra felicidad.

Jesús hizo una distinción muy clara entre lo que el ladrón y salteador ofrecía y lo que él presentaba a la humanidad. El maligno ofrece placer y muy buenos momentos, pero a costa de hurtos, robos, homicidios y destrucción, en cambio él presenta a todos una vida abundante con solo aceptar entrar por la puerta y convertirlo en nuestro pastor.

Otorgarle a Jesús el control de nuestra vida, dejarlo entrar en ella para dominar y dirigir nuestros pasos por donde él considere mejor y permitirle conducir todos nuestros planes nos llevara a una vida abundante llena de satisfacciones y llena de su presencia en todos los momentos de nuestra existencia.

Pero, ¿qué es la vida abundante? Esa pregunta es fundamental para entender qué clase de ofrecimiento es el que hace Jesús (con toda la certeza que lo caracteriza) a quienes lo escucharon y a quienes a través de su palabra lo siguen escuchando hoy en día y aprecian sus palabras.

La vida abundante algunas versiones la traducen como “vida en plenitud” y “una vida con lo mejor”. Estas tres formas de expresar lo que Jesús ofrece nos permiten atisbar o asomarnos a lo que significa una vida abundante y de igual manera lo contrario, lo que sería una vida de escasez.

El hombre puede vivir una vida de escasez y Jesús no se refería a un asunto estrictamente material, sino sobre todo a la vida espiritual, a la vida donde no son suficientes los bienes materiales porque son absolutamente incapaces de llenar los grandes vacíos que el ser humano experimenta durante su paso por esta tierra.

La vida abundante, vista desde esta perspectiva, consiste en vivir satisfechos porque se tiene lo que se necesita y un poco más de ello. Ese es el sentido de la palabra griega “perissou” que se traduce como “más allá de lo anticipado”, “algo que supera las expectativas” y en algunos casos como “superando el límite esperado”.

La vida abundante que Jesús ofrece es aquella en la que las personas se ven colmadas de bienes, no necesariamente materiales, pero sí espirituales como paz, tranquilidad, calma, sosiego y descanso, de tal forma que no necesitan nada más para llenar su existencia y pueden acceder a bienes de toda clase que no ocuparán nunca el lugar que Dios tiene en sus vidas.

Por eso algunos le llaman la vida plena o una vida con lo mejor porque un hombre con esa clase de vida no tiene necesidad de llenar su alma con bienes terrenales porque nunca lo logrará, pero en cambio si deja a Jesús entrar a su vida, podrá saciar su alma, aún con pocos o nada de bienes.

Los seres humanos somos propensos a pensar que lo material tiene preeminencia sobre lo espiritual y por eso las riquezas y los afanes de este mundo nos engañan y los buscamos y rebuscamos y cuando al fin los encontramos pensamos que hemos llegado a la vida plena pero en realidad descubrimos que los vacíos de nuestra alma siguen allí.

Esta es una de las certezas que más debemos apreciar porque nunca debemos de dudar de que lo que nos ofrece Jesús es algo completamente superior a lo que el mundo puede aportar a nuestra vida.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de una vida abundante

A. Solo en la persona de Cristo
B. Solo por su sacrificio en la cruz

A. Solo en la persona de Cristo

Los hombres pueden encontrar esa clase de vida solo en la persona de Jesucristo. Ningún otro personaje ha hecho un ofrecimiento de esa envergadura. Sólo Jesús nos ha hecho esa promesa. Una promesa basada exclusivamente en la comunión con él, sin necesidad de ninguna clase de obra humana.

Este es quizá el aspecto más relevante del compromiso que el Señor hizo con sus seguidores: ofrecer una vida plena, es decir una existencia sin insatisfacciones, sin vacíos de ninguna clase y por el contrario una existencia con las carencias esenciales resueltas para bien vivir.

Jesús atendió y atiende las necesidades básicas que tiene el hombre. El gran problema de los seres humanos es que han colocado en su vida necesidades que en realidad no lo son y han rechazado las que en verdad si lo son trayendo a su vida un desequilibrio que termina por llenarlos de insatisfacción.

En Juan 10:10 encontramos el siguiente texto:

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

El contraste es claro: el ladrón (una manera de llamar al diablo) ha venido a este mundo a hurtar, matar y destruir. El enemigo del alma de todos los hombres está en este mundo con una clara vocación: dañar, destruir, afectar, maltratar y hundir en el pecado la vida de los hombres hasta llevarlos a la destrucción.

En cambio Cristo ha venido a dar vida, pero no cualquier clase de vida, sino una vida abundante para todos lo que aceptan su conducción y entregan su vida para que él la conduzca como un pastor conduce a sus ovejas.

B. Solo por su sacrificio en la cruz

Juan 10:11 dice de la siguiente manera:

“Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas.”

La vida abundante tuvo un costo y fue la muerte de Jesús. Él se presentó como el buen pastor que da su vida por las ovejas y en esa frase sintetizó su gran labor a favor de millones de seres humanos que enfrentan cada día la necesidad de ser conducidos y protegidos por alguien.

Jesús nos da vida a cambio de la suya que fue tomada violentamente en la cruz del calvario para que todos nosotros pudiéramos tener la vida plena que necesitamos para que nuestra experiencia sobre esta tierra no se llene de frustración y congojas que saturen nuestro corazón y vivir se convierta en un hecho desagradable.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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