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viernes, julio 23, 2021
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Las irrefutables certezas de Cristo: La certeza del nuevo nacimiento

La Biblia dice en Juan 3:3

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”

Introducción

Jesús tuvo un diálogo con Nicodemo, un principal de los judíos, dice Juan para referirse al estatus no solo social del personaje, sino también a su posición como integrante del Sanedrín hebreo, máximo órgano de gobierno de los asuntos públicos y religiosos de los israelitas en los tiempos de Cristo.

Nicodemo estaba fascinado con la figura de Jesús. Le resultó irresistible conocerlo, pero sabiendo que ese maestro no era bien visto entre los fariseos, escribas e intérpretes de la ley, lo buscó de noche para exponerle sus dudas e interrogantes que tenía sobre su origen. Para Nicodemo era fundamental saber quién era ese hombre que hacía señales maravillosas.

Al acercarse a él ya tenía algunas conclusiones que le planteó. La primera de ellas es que era un enviado de Dios. Esa fue la primera deducción lógica de Nicodemo. Y no estaba equivocado. En efecto, Jesús había sido enviado por el Padre para revelar el reino de los cielos y mostrar a los hombres el amor de Dios.

La segunda conclusión que ya tenía este principal de los judíos antes de entrevistarse con Jesús es que era un maestro y allí residía su primer gran equivocación. Para Nicodemo el Señor era un simple maestro, claro, enviado por Dios, pero no más que un maestro como muchos otros que ya había en Israel.

La dificultad de este hombre residía en que Jesús no era un maestro más. De hecho el mismo lo reconoce al decirle que “nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”. En otras palabras Nicodemo le estaba diciendo que era un maestro, pero no era como los demás porque Dios sí estaba con él, pero entonces, esa afirmación llevaba a otra interrigante.

¿Los otros maestros no tenían a Dios porque no hacían las señales que Jesús si hacía? Entonces o eran unos falsos maestros o Jesús era más que un maestro y sí era más que un maestro entonces era el Hijo de Dios y si era el Hijo de Dios, el reino de Dios se había acercado a la tierra.

Nosotros podemos decir o señalar a Nicodemo por no haber sido capaz de comprender el momento que estaba viviendo, pero en realidad es el conflicto que muchas personas tienen con Jesús. Lo aceptan como un gran maestro, como Platón, Aristoteles, Confusio, Buda, Mahoma u otros, pero no puede ir más allá y considerarlo el Hijo de Dios.

Ante este conflicto, Jesús expresa una de sus irrefutables afirmaciones: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de neuvo, no puede ver el reino de Dios.”

Nicodemo no podía ver el reino de Dios por una razón fundamental: no había nacido de nuevo. El nuevo nacimiento es el único instrumento que hace posible que la gente pueda ver el reino de los cielos en su vida. Nicodemo no pudo reconocer a Jesús más allá de un simple maestro.

Y a partir de este conflicto, planteamos la irrefutable certeza de Cristo para nuestro estudio de este día:

Las irrefutables certezas de Cristo: La certeza del nuevo nacimiento

I. Para comprender las verdades espirituales
II. Para comprender la naturaleza del reino de Dios

El concepto “nacer de nuevo” fue novedoso para Nicodemo. No lo había escuchado antes. Nadie de los profetas lo había planteado y por eso le resultó difícil entenderlo. La frase literalmente significa nacer de arriba y Jesús lo explicaba bien en ese mismo capítulo.

Juan 3: 31 dice así: “

El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.”

Jesús clarificó que los hombres pueden hablar solo de cosas terrenales, pues son terrenales, pero él podía hablar no solo de esas cosas, sino también de las celestiales porque venía del cielo. Nicodemo hablaba de lo terrenal porque no podía hacer más y por ello necesitaba nacer de nuevo.

El concepto del nuevo nacimiento es explicado a lo largo del Nuevo Testamento porque es sumamente importante y básico debido a que es el punto de partida en la vida cristiana. El hombre necesita ser regenerado. Así lo plantea Tito 3: 4-5

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.”

Nacer de nuevo, nacer de arriba, regeneración y renovación en el Espíritu Santo nos llevan a los que Pablo llamó nueva criatura. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.”

La palabra regeneración procede de la expresión griega “paliggenesia” que se usa solo dos veces en el Nuevo Testamento. En Mateo 19: 28 para referirse al reino milenial de Cristo y en Tito 3: 5 que se traduce como nuevo nacimiento. A su vez la palabra “renovación” que procede del término “anakainósis”.

La palabra tiene el sentido de refrescar, renovar o un cambio de corazón y vida. Lo que profundiza el concepto de nacer de nuevo.

I. Para comprender las verdades espirituales

El ser humano es incapaz, por sí mismo, de comprender las verdades espirituales de este mundo. Nicodemo era un maestro de Israel y le resultó muy difícil entender lo que sus ojos miraban en la persona de nuestro Señor Jesucristo y si a él se le complicó este ejercicio qué podemos esperar de personas que ni siquiera tienen la luz de la Escritura.

Ese conflicto lo plantea muy bien Pablo cuando le explica a la iglesia de Corintio la condición humana frente a la verdades divinas.

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 de Corintios 2: 14.

El hombre está imposibilitado naturalmente para comprender, entender, discernir, distinguir y valorar entre lo material y lo espiritual. En otras palabras carece de las herramientas o apoyos necesarios para descubrir las verdades y principios espirituales que proceden de Dios.

Nicodemo no era cualquir judío. Era un hombre instruido en el conocimiento de Dios. Era integrante del sanedrín hebreo y aún con esas credenciales de formación no pudo entender frente a quien estaba cuando se acercó a Jesucristo. Fue un conflicto enorme el que tuvo en su corazón.

Él esperaba al Mesías. Pero lo esperaba a la manera que los fariseos y muchos otros hebreos habían diseñado. Ellos pensaban que en cuanto el Ungido apareciera, el imperio romano tenía que caer y dar paso al reino del Cristo, pero esto no fue así y allí empezaron sus problemas para aceptar que Cristo era el Rey de Israel.

Si Jesús era más que un maestro y hacía señales que nadie más podía hacer, entonces, solo quedaba una alternativa: era el Hijo de Dios prometido en las Escrituras, pero eso no lo podía entender Nicodemo, ni lo puede entender nadie que no haya nacido de nuevo y eso es lo que Jesús enseñó.

II. Para comprender la naturaleza del reino de Dios

Nacer de nuevo es indispensable para ver el reino de Dios. De nueva cuenta encontramos la palabra “ver” que Jesús utilizó en su primera certeza cuando le dijo a Natanael que vería el cielo abierto. La palabra tiene relación con una compresión, más que mirar algo en el sentido físico.

A Nicodemo le dijo que vería el reino de Dios o comprendería el reino de Dios. Nicodemo sabía perfectamente el sentido del reino de Dios. Él esperaba esa promesa porque era la esperanza de miles de hebreos. Pero vendría y vino en términos muy distintos a los que todos ellos esperaban.

Cuando en Israel de los tiempos de Jesús se hablaba del arribo del Mesías todos tenían construida una idea de redención y derrota de los romanos y el establecimiento del gobierno terrenal del Hijo de David, pero ese plan tendría que esperar por un tiempo más porque el reino de Dios sería espiritual.

Por eso es muy similar el mensaje a Nicodemo y a Natanael: se tenía que ver o comprender el reino de los cielos y para ello era y es indispensable nacer de nuevo.

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