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viernes, julio 23, 2021
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Las irrefutables certezas de Cristo: La certeza del reino de Dios

La Biblia dice en Juan 3: 5

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Introducción

Los judíos de los tiempos de Jesús eran muy arrogantes cuando se trataba su origen. Ellos defendían vehementemente su ascendencia y abolengo como hijos de Abraham y por esa razón se sentían y creía firmemente que automáticamente gozaban de la salvación divina, sin importar su conducta o su estilo de vida.

Además por su árbol genealógico ellos se consideraban también hijos de Dios, aunque de esta verdad no se ufanaban tanto como del hecho de ser hijos de Abraham.

La salvación se convertía de esa manera en un hecho nacido por la raza o el gen de los hebreos. Las demás naciones estaba absolutamente condenadas porque no tenían la posibilidad de llevar en su sangre la estirpe abrahamica y en consecuencia su exclusión era definitiva e irremediable.

El diálogo entre Jesús y Nicodemo tiene una gran relevancia porque modificó sustancialmente esa idea: la idea de que los hebreos son los únicos receptores de la salvación del Creador al ser los únicos descendientes del llamado padre de la fe, Abraham o ser los hijos de Dios. En Juan 8: 39-47 encontramos una discusión sobre ese tema.

39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. 40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

Comprendemos de esta manera que los israelitas tenían una concepción equivocada sobre la salvación. Ellos pensaban que en autómatico, por el solo hecho de ser descendientes de Abraham, alcanzarían la redención y eso Cristo lo vino a corregir con las palabras que le dirigió a Nicodemo.

Es de gran relevancia entender el concepto de reino de Dios porque para entrar a él Jesús menciona por lo menos dos requisitos: el primero nacer del agua y el segundo, nacer del Espíritu. Antes había dicho que para ver el reino de Dios era necesario nacer de nuevo. Ahora agrega que para entrar en él, no solo basta con nacer de nuevo, sino que también es indispensable nacer del agua y nacer del Espíritu.

Nicodemo y otros hebreos esperaban el reino de Dios y para ingresar a él ellos creían que bastaba ser hijos de Abraham y Jesús los corrige para que comprendan que el reino de Dios que se ha acercado a ellos puedan entrar y lo harán de una manera sencilla: si nacen del agua y del Espíritu.

De esa forma el reino de los cielos quedó abierto ya no solo para los judíos, sino también para todos aquellos que nacieran del agua y del Espíritu. Dejo de ser exclusiva para unos cuantos y se volvió universal para que todos aquellos que quisieran entrar al reino de Dios no tuvieran ningua clase de impedimento.

A partir de la predicación de Cristo el reino de Dios fue accesible para todos. Nadie puede ser rechazado a menos que por sí mismo decida no ingresar. Pero también quedó restringido el acceso para quienes pensaban que por el solo hecho de ser judíos tenía pase directo.

Jesús estaba formulando una verdad fundamental para el cristianismo. El Señor estaba expresando una verdad o certeza irrefutable: al reino de Dios se accede por una determinación humana y una concesión divina y lo logran todos aquellos que lo desean con todo su corazón y cumplen sus mandamientos.

En otras palabras hay dos requisitos para acceder al reino de los cielos o la reino de Dios: el primero es un requisito material: agua y el segundo es espiritual: del Espíritu. Si se quiere tenemos que comprender que el hombre evidentemente no se puede salvar por sí mismo, necesita fe y al Espíritu de Dios.

Esa fue la definición que Jesús le dio a Nicodemo y esa es la certeza que hoy meditaremos en nuestra serie dominical.

Las irrefutables certezas de Cristo: La certeza del reino de Dios

A. Requisito material
B. Requisito espiritual

La presencia de Cristo en la tierra inauguró el reino de Dios sobre este mundo. De hecho las primeras palabras de Jesús al comenzar su ministerio fueron: Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado. El reino de los cielos está en este mundo. Muchos no lo pueden comprender y otros más no pueden ingresar a él.

Es un hecho la presencia del reino de Dios entre nosotros, pero para entrar a él hay dos requisitos que debemos tener presente para disfrutarlo y vivir en plenitud con Cristo nuestro Salvador.

A. Requisito material

Jesús le dijo a Nicodemo que era necesario nacer del agua. Este pasaje ha provocado una serie de interpretaciones sobre a qué se refería el Señor cuando habló de ese tema. Para comprender las palabras de Jesús debemos atenernos a toda su predicación y a todo lo que él hizo.

Nos ayuda por ejemplo saber que su precursor, Juan el Bautista, comenzó su ministerio bautizando a quienes venían arrepentidos a la predicación de Juan y luego Jesús mismo se bautizó, no porque fuera un pecador, sino porque era la única manera de identificarse plenamente con los pecadores.

Sobra decir que asociar el agua con el bautismo es por demás inevitable. ¿Es entonces el agua al que se refiere Jesús para hablar del bautismo? Creo que sí porque en realidad el agua o el bautismo era una manera material o física de mostrar el cambio de vida que Dios demanda. Bautizarse simboliza hacer pública nuestra fe. Decirle a todos: “Me he arrepentido”.

El bautismo es una señal de arrepentimiento. Es la materialización de la fe. No debemos olvidar que al principio de la predicación de la iglesia, cuando una persona decía haberse arrepentido de inmediato iba a las aguas bautismales. Ejemplos: 1. El eunuco funcionario de Candace. Hechos 8. Y el carcelero de Filipos, que pidió bautizarse. Hecho 18.

Nicodemo entendió que el agua estaba asociada a Juan el Bautista quien fue el primero en utilizarla al bautizar. Juan era el Elías que habría de venir y ese Elías era la representación de que el reino de Dios estaba a las puertas y por eso Juan comenzó su predicación bautizando.

B. Requisito espiritual

Evidentemente, el bautismo no era todo. Había un requisito más que era nacer del Espíritu. Jesús le dijo a Nicodemo que era necesario nacer del Espíritu. Y esa obra pertenece exclusivamente a Dios. La palabra espíritu se traduce en algunas versiones como “viento” y Jesús hace un juego de palabras en los siguientes versos sobre ese importantísimo tema.

En Juan 3: 6-8 Jesús dice lo siguiente:

Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. 8 El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu.

El nuevo nacimiento o nacer del Espíritu es un acto soberano que al igual que el viento no se puede apreciar a través de los sentidos, pero sus efectos son conocidos tal como ocurre con el viento. No lo podemos ver, pero lo que si podemos ver son sus efectos. Un nacido de nuevo o nacido del Espíritu tiene resultados o muestra los efectos del nuevo nacimiento.

La regeneración y la renovación del hombre ocurre cuando se arrepiente de corazón y recibe y acepta a Cristo en su vida. Entonces de manera milagrosa se opera un cambio en su ser. Este cambio se visibliza en su conducta, en sus actitudes y sobre todo en una relación con Dios, a través de Cristo.

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