La Biblia dice en Juan 5: 11

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Introducción

Jesús se asumió como el testigo del reino celestial. Para comprender el sentido de sus palabras o el sentido de la palabra “testigo” o “testimonio”, que en griego proceden de la misma raíz martureó, es fundamental comprender el contexto cultural en el que ocurren ambos términos.

En el evangelio de Juan es una expresión muy usada. De hecho hay tres grandes pasajes en el cuarto evangelio del Nuevo Testamento donde se utilizan ampliamente. Me refiero a Juan 3:31-36, 5:31-47 y 8:12-20. Solo citaré este último pasaje para iniciar nuestro estudio de esta irrefutable certeza de Cristo.

Juan 8:12-20 dice así:

12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo;el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. 13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. 14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. 15 Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. 16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. 17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. 19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. 20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

Los judíos rechazaban el testimonio de Jesús basados en una equivocada interpretación de Deuteronomio 19:15 que dice de la siguiente forma:

“No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.”

Por eso, para aclararles su errada concepción sobre su testimonio, Jesús le dijo que el Padre avalaba sus palabras y con ello quedaba cumplida totalmente la ley mosaica. Dos eran los testigos de sus palabras: él y el Padre. Eso significaba que las afirmaciones o declaraciones de Jesús era verdaderas.

Las irrefutables certezas de Cristo

La certeza de su testimonio

A. Que nace de su conocimiento
B. Que nace de lo que ha visto
C. Que fue rechazado por los judíos

¿De qué era testigo Jesús o de qué venia a dar testimonio? Es la pregunta que nace de lo que le dijo a Nicodemo. Jesús era y es testigo de la verdad y vino a la tierra a dar testimonio del Padre celestial y del reino de los cielos y lo hizo con dos argumentos claros y ciertos que son los que le plantea al principal de los judíos.

Jesús no vino a teorizar o presentar posibles verdades. De ninguna manera. Él vino a dejar la verdad completa. La verdad absoluta. Estamos frente a un ser que estableció con toda claridad su misión: testificar sobre la verdad, siendo él mismo la verdad. La verdad que el hombre necesita creer para encontrar sentido y rumbo para su vida.

A. Que nace de su conocimiento

Jesús le dijo a Nicodemo “lo que sabemos hablamos”. La palabra “sabemos” procede de la raíz griega eido que quiere decir el conocimiento de algo o de alguien por lo que perciben los sentidos. Por ejemplo las hojas de un árbol pueden ser amarillas, rojas o verdes porque así lo percibe nuestro sentido de la vista.

Podemos afirmar sin necesidad de ninguna experimentación que el color de las hojas del árbol es cualquiera de esos tres y nadie puede ponerlo en duda porque tal conocimiento es producto de la observación y puede ser aceptada porque nadie puede negar que las hojas son de color amarillo, rojo o verde.

Jesús está diciendo que él hablaba, habló y habla de cosas que sabía o en otros términos habla de cosas que eran absolutamente ciertas e irrebatibles. Cuando hablaba del reino de los cielos lo hacía con conocimiento de causa. Cuando revelaba al Padre lo hacía con toda solvencia y con toda garantía porque no estaba especulando.

Los judíos estaban ante el medio que Dios había destinado para darse a conocer como nunca antes lo había hecho: como el Padre celestial dispuesto a adoptar a sus hijos que lo recibieran y creyeran en el nombre de Jesús. Ellos nunca habían estado frente a una verdad de este tipo.

La relevancia de esta expresión de Jesús radica en que no estaba lanzando enseñanzas carentes de sustento o nacidas de pensamientos humanos. No. Él estaba hablando de lo que sabía por experiencia personal.

B. Que nace de lo que ha visto

Jesús le dijo también a Nicodemo que su testimonio nacía de lo que había visto. En los tiempos de Jesús, los judíos solo podían aceptar el testimonio de una persona si había sido testigo presencial de los hechos de los cuales hablaba o si había visto lo que hablaba, si no, sencillamente carecía de validez.

Jesús habló en esta tierra de lo que vio en el cielo. No habló de lo que pensaba como muchos maestros de su tiempo y aún de entre todas las naciones de este mundo que han enseñado sobre moral. Ninguno de ellos pudo afirmar que hablaba de lo que había visto, como Jesús lo dice.

Cuando dijo “en la casa de mi Padre muchas moradas hay; voy pues a prepararles lugar para que donde yo esté vosotros también estéis” es porque había visto esas moradas. No porque pensaba o elucubraba sobre la existencia de las mismas y especulaba sobre su existencia. Nada de eso. Las moradas existen y está preparadas para todos nosotros.

Si hay algo exasperante es una persona que habla de lo que no sabe ni ha visto. No es el caso de Jesús que sabía perfectamente de lo que hablaba porque lo había visto. Su testimonio entonces es una certeza que no debemos poner en tela de duda ni tampoco debemos desestimar.

Al contrario tenemos la seguridad completa de que lo que creemos es producto de aseveraciones o afirmaciones de quien vio todo de lo que habló y en ese sentido tenemos la garantía que nuestra fe esta basada en certezas y verdades impecables, en palabras sin el menor asomo de falsedad.

Nicodemo tenía que entender como todos nosotros que el nuevo nacimento era una verdad que tenía como origen el cielo mismo y que estaba frente al Señor del cielo y la tierra y no frente a un simple maestro.

C. Que fue rechazado por los judíos

Jesús le dijo a Nicodemo con toda claridad que su testimonio sería rechazado por los judíos. Jesús lo dijo sin amargura ni resentimiento. Lo dijo con claridad para que Nicodemo supiera el gran conflicto que había entre los hebreos a la hora de oír las palabras de Jesús porque es el mismo conflicto de muchos hombres hoy en día.

Resulta más fácil o más sencillo aceptar cualquier “verdad” dicha por algún hombre, pero reconocer que lo que Jesús dijo es cierto resulta tan complicado para muchos que prefieren ignorarlo y no podemos juzgarlos porque los israelitas del tiempo de Jesús tuvieron ese conflicto.

No pudieron recibir el mensaje de Cristo con todo y que era muy claro porque simplemente rompía con los moldes que ellos ya tenían y sobre todo porque sus prejuicios eran grandes y los tenía esclavizados de tal forma que las “novedosas” enseñanzas de Cristo no pudieron ni ingresar en su corazón.

Pero el hecho de que las rechazaran no signficó, ni significa que no sean ciertas. En realidad su obstinación vino a comprobar lo que Cristo ya sabía de antemano, que los suyos no le recibirían.

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