La Biblia dice en Mateo 4: 20  

“Al momento dejaron sus redes y se fueron con él.”

Simón Pedro y su hermano Andrés fueron llamados por el Señor cuando los encontró en el mar de Galilea y eran pescadores, una de las actividades comerciales con la que muchos hombres de la época de Jesús sustentaban sus vidas y la de sus familias en lugar de trabajar el campo como muchos otros hacían. 

Cuando Jesús llama a los dos dejaron sus redes, su principal instrumento de trabajo de gran valor para ellos, sin que Jesús se los haya pedido, sin embargo era absolutamente necesario que se desprendieran de ellas porque al seguir a Jesús difícilmente podrían combinar su condición de discípulos con sus labores.

La palabra dejar que usa Mateo procede del vocablo griego “aphentes”, que literalmente significa “dejar lejos”, “poner a distancia” y si se quiere “separarse de”. Pedro y Andrés pusieron a distancia sus redes porque serían un impedimento para seguir a Jesús tal como el Señor quería que fueran con él. 

El Señor Jesús insistió en esta idea durante su predicación. Quienes quisieran seguirlo debía dejar todo aquello que fuera tropiezo o un dique para no caminar la senda que él demandaba. La redes se convirtieron entonces en el símbolo de todo aquello que debemos dejar para seguir a Cristo. 

Eso significa que difícilmente podremos tomar nuestra cruz si no nos deshacemos de todo aquello que es muy valioso en lo material y en lo sentimental para nuestras vidas. No avanzaremos mucho si nuestra carga es pesada porque tarde o temprano volveremos a ellas para hacer lo que antes hacíamos sin Cristo. 

La vida cristiana es incompatible con cosas o personas que nos impiden seguir a Cristo. No llegaremos lejos. Viviremos acotados, sin crecimiento y sobre todo sin fruto porque Jesús demanda nuestro rompimiento absoluto con el mundo y sus deseos para ser fieles exponentes de la fe celestial. 

Para lograr dejar nuestras redes es necesario e indispensable que hagamos un ejercicio de lo que ganamos con seguir a Jesús y lo que perdemos del mundo. Pero a la vez lo que ganamos del mundo si perdemos a Jesús. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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