La Biblia dice en Romanos 1: 24-32

24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Introducción

El mes de junio se ha convertido en la fecha de todos los años desde 1969 que las personas con tendencias homosexuales se manifiestan en las calles de diversos países para exigir respeto a sus preferencias sexuales. En México estas manifestaciones comenzaron en el lejano 1979.

Las marchas que aglutinan a cientos de personas se desarrollan en medio de cuerpos desnudos, expresiones sexuales explícitas y en muchas ocasiones con niños que son llevados a esos lugares donde la moral se relaja y lo que debe circunscribirse a la intimidad se vuelve público sin ninguna clase de reticencia.

Es el mes del orgullo gay y cada año se esfuerzan por burlarse y mofarse de las personas heterosexuales. No solo agravian símbolos religiosos e instituciones, sino también personas que no aceptan su estilo de vida o sus preferencias sexuales y eso los vuelve más violentos.
Pero este grupo de personas, que manifiestan abiertamente sus preferencias sexuales son apenas una leve manifestación de lo devastado que vive el hombre moral y espiritualmente. Los seres humanos de hace muchos siglos dejaron en claro que Dios no era relevante para ellos y abrieron de esa manera una vida a espaldas del Creador.

Esta fue una decisión que tuvo consecuencias. Decirle a Dios que nos les interesa lo que plantea para sus vidas tuvo sus repercusiones de las cuales el apóstol Pablo habla en el primer capítulo de la carta a los Romanos y la plantea con una elocuente frase “como los hombre no tuvieron en cuenta a Dios, el los entregó”.

El ser humano quiso prescindir de Dios y el Creador lo dejó. No lo obligó, no lo sometió a sus preceptos, con todo y que era su derecho y sobre todo eran lo mejor para el hombre, pero Dios no lo hizo, lo dejó hacer como quisiera, pero en esa decisión lo entregó a sus más desviadas equivocaciones.

Las secuelas de la degradación humana
A. El hombre es rehén de la inmoralidad
B. El hombre pierde su dignidad
C. El hombre vive bajo pensamientos desviados

A. El hombre es rehén de la inmoralidad

Romanos 1: 24-25 plantean esta dolorosa verdad.

24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Pablo es claro y categórico: Dios entregó al hombre a la inmundicia. Algunas versiones usan la expresión impuros deseos, en lugar de inmundicia. En el griego la palabra inmundicia comunica la idea de algo sucio, obsceno, indecente e indecoroso. El hombre desde entonces es arrastrado por sus bajas pasiones.

No importa si al dejarse llevar por sus pasiones o deseos su vida cae en situaciones en las que rompe con las buenas costumbres. Su deseo lo domina de tal manera que no puede dejarse arrastrar y evitar caer en una situación en la que su dignidad se pierde. El ser humano se vuelve rehén de la inmoralidad.

Los ejemplos saltan a la vista en este tiempo y todas las edades. Los hombres y las mujeres no pueden poner un alto a sus pasiones y cuando menos se dan cuenta son dominados por ellos y eso los lleva robar para beber, hurtar para drogarse o alquilarse para vicios inconfesables con tal de tener dinero para seguir con sus vicios.

El hombre inmoral se vuelve idolatra, sin que eso quiera decir que tiene ídolos de piedra, madera o barro. En realidad él mismo se vuelve Dios porque usurpa el lugar de Dios pensando que de esa forma es libre cuando en realidad es un esclavo del pecado y la maldad.

B. El hombre pierde su dignidad

Del verso veintiséis al veintisiete Pablo escribe en la Carta a los Romanos lo siguiente:

26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Cuando Dios formó a Adán y Eva los hizo el uno para el otro. Sus cuerpos fueron diseñados para complementarse. Dios los creó perfectos para relacionarse no solo emocionalmente, sino también físicamente y hasta espiritualmente. Ese fue el diseño perfecto por parte del Señor.

Pero el hombre le dio la espalda a Dios y Dios lo abandonó y dejó que se entregará a pasiones o deseos vergonzosos, como califica las relaciones de mujeres con mujeres y hombres con hombres. La palabra vergüenza en nuestro contexto no parece ser muy fuerte, pero para los romanos tenía un sentido de dignidad.

Un general romano no podía vivir con vergüenza de haber perdido una batalla, preferiría morir antes que regresar derrotado a Roma. El sentido de dignidad era muy fuerte. Al decir que los hombres y mujeres se entregaron a pasiones vergonzosas lo que está diciendo el apóstol es que perdieron su dignidad.

La dignidad es lo más valioso que posee un ser humano porque se respeta a sí mismo y respeta a los demás, pero cuando pierde esa capacidad dejar de darse importancia y ya no importa si lo que hace lo convierte en un títere o remedo de persona.

C. El hombre vive bajo pensamientos desviados

La maldad dañó tanto la mente de los seres humanos que los dejó imposibilitados para distinguir entre el bien y el mal. Así lo describe Pablo.

28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
El ser humano tiene una mente reprobada, entenebrecida, sin luz. En ese sentido es incapaz de aprobar lo que es bueno y reprobar lo que es malo. Al contrario, hombres y mujeres distantes de Dios hacen lo contrario: a lo bueno llaman malo y a lo malo lo llaman bueno porque su mente esta desviada.

Y como la mente es la que hace que las personas se comporten de tal o cual manera, una persona que tiene cauterizada la conciencia sencillamente es incapaz de distinguir la bondad de la maldad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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