La Biblia dice en 2º de Samuel 1:10

“Así que me acerqué a él y lo maté, porque me di cuenta de que no podría vivir después de su caída. Luego le quité la corona de su cabeza y el brazalete que tenía en el brazo, para traérselos a usted, mi señor.”

El segundo lilbro de Samuel nos presenta la historia de un joven amalecita que supo de la enemistad entre Saúl y David. Conoció de la feroz persecución de la que fue objeto el hijo de Isaí y concluyó en su imprudente mente que la muerte de Saúl regocijaría a David porque automáticamente se convertiría en monarca.

Pero este joven estaba completamente equivocado. No sabía lo mucho que David apreciaba a Saúl y que si él hubiera querido él mismo lo hubiera privado de la vida porque en dos ocasiones lo tuvo a su merced, pero no lo hizo porque siempre lo consideró el ungido de Jehová.

Sin embargo este muchacho fue con David a informarle la muerte de Saúl y Jonatán. Pero le mintió abiertamente porque Saúl se quitó la vida él mismo, pero queriendo quedar bien con David lo engañó diciendole que él había matado a Saúl, esperando tal vez una recompensa por parte de David, lo que no sucedió.

Pero no solo no recibió nada, ni siquiera aprobación por lo que supuestamente había hecho, sino que David ordenó su ejecución por haberse atrevido a poner su mano sobre la vida de Saúl, un personaje oscuro con graves problemas espirituales, pero al que David apreciaba muchísimo.

La historia de este joven es en verdad aleccionadora porque nos muestra lo necio e insensato que resulta querer, en primer lugar mostrar una lealtad que no existía, luego de parecer un convencido de una causa que ni siquiera conocía bien y en tercer lugar buscar obtener prebendas utilizando mentiras y embustes.

Este joven retrata a aquellas personas que son ambiciosas y quieren abrirse paso a cualquier costo. Pensando que encontrarán el éxito material que se proponen, sin embargo generalmente esta clase de personas fracasan estrepitosamente porque la mentira dura muy poco tiempo y si no se conoce bien la realidad es casi seguro que caigan.

No se puede, ni se debe ir por la vida mintiendo, como tampoco ambicionando dinero, poder, bienes porque generalmente la gente que vive así termina destruyéndose.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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