La Biblia dice en 2ª Timoteo 2: 9

“Y por causa del evangelio soporto sufrimientos, incluso el estar encadenado como un criminal; pero la palabra de Dios no está encadenada.”

Pablo era un preso de conciencia. No había cometido ningún delito que ameritara ser encarcelado. Perdió su libertad como si fuera un criminal y eso significaba un gran sufrimiento para su persona porque pudiendo vivir sin conflictos el evangelio o la proclamación del evangelio lo había sometido a circunstancias complejas y difíciles. 

En su condición de apóstol le podría haber exigido a Dios un trato diferente porque era su heraldo o el que proclamaba la palabra de Dios, pero no demandó ninguna clase de trato distinto al que la voluntad de Dios le señalara, como una muestra de su genuino llamado y ejemplo de humildad y obediencia. 

Justamente por esa razón declara que la palabra de Dios no está encadenada, es decir, el hecho de haber sido encarcelado de ningún modo significaba que el evangelio se detuviera, aun cuando él era su paladín, era el elegido para llevar el mensaje de salvación a los gentiles, él nunca se sintió limitado por la cárcel. 

De hecho, desde la prisión escribió las cartas de Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón, y también la 2ª de Timoteo, que han animado y alentado a millones de cristianos de todas las épocas, como muestra de que una adversidad durísima como ser privados de la libertad jamás puede detener a quien quiere avanzar en el propósito de vida. 

La vida de Pablo, en particular en los momentos de mayor presión y tensión, nos muestra que la revelación divina es siempre nuestro baluarte y seguridad para levantarnos, para seguir caminando y para no permitir que nada nos aprisione, nos someta o nos quiera encerrar en nuestros vanos pensamientos. 

La palabra de Dios es libertaria o produce libertad. Y cuando la tenemos en nuestra vida nos quita toda esclavitud u opresión que quiere someter nuestra voluntad a cualquiera que no sea Dios. La revelación divina tiene como virtud romper cualquier clase de cadena que quiera aprisionarnos. 

La prisión le enseñó a Pablo que la Escritura jamás puede aprisionarse. Siempre será libre y libertara. Quien se acerca a ella encontrará permanentemente la ansiada libertad para vivir sin ninguna clase de atadura. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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