La Biblia dice en Gálatas 1: 4

“El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.”

La palabra siglo es muy interesante en la literatura del Nuevo Testamento porque se usa indistintamente para señalar un tiempo de la historia del hombre, pero también como un tiempo caracterizado por alguna conducta humana, asimismo una era, una etapa histórica, pero del igual forma una edad. 

Pero su uso más profuso es para señalar o separar con toda claridad el tiempo presente con el futuro. Es decir los creyentes vivimos un siglo malo, pero esperamos con todo el corazón el siglo eterno. Y ese es justamente el sentido que el apóstol Pablo le da al vocablo al usarlo en el verso que hoy meditamos. 

Nosotros fuimos arrebatados del presente siglo malo y ahora esperamos el siglo donde el mal no existirá. Esta verdad nos debe alentar para luchar contra todas las manifestaciones del mal que encontramos en este mundo sabiendo que un día dejarán de ser y entonces no habrá más llanto ni más dolor. 

Pablo celebra la obra de Jesús que nos permitió la libertad de conceptos, ideas y pensamientos equivocados porque están basados en conceptos meramente humanos, además de ser influenciados por el mal que domina la vida de las personas y el mundo entero. 

Los seguidores de Jesús fuimos liberados por el Señor Jesucristo del mal. Nos quitó el dominio que tenía sobre nosotros y nos dio la libertad para alistarnos para el siglo venidero donde el mal no tendría ningún espacio, luego entonces si hemos sido libertados y vamos hacia un lugar donde la maldad no existe más porque seguir involucrándonos con el mal. 

Pablo quería que los creyentes de Galacia entendieran esa verdad para vivir apartados del mal, luchando contra la maldad y batallando contra todo aquello que se opone a lo bueno que el Jesús nos ha enseñado. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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