La Biblia dice en Éxodo 12: 14

“Éste es un día que ustedes deberán recordar y celebrar con una gran fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán como una ley permanente que pasará de padres a hijos.”

La última de las diez plagas que envió el Señor a Egipto tuvo efectos devastadores en el ánimo no solo del Faraón sino de todo su pueblo: la muerte de miles de primogénitos en todos los hogares egipcios les resultó insoportable y sólo así dejaron salir a los judíos de una esclavitud que se prolongó por unos cuatrocientos años. 

Sin embargo, mientras las familias egipcias lloraban a sus hijos muertos, en el hogar de los israelitas que habían obedecido la orden de sacrificar un cordero y marcar sus puertas con la sangre de ese sacrificio, ningún de sus hijos mayores murió. Esa noche de muerte y desolación los judíos no tuvieron que hacer cuentas tristes. 

Así nació la pascua judía, antecedente de la pascua cristiana. Una celebración que Dios le ordenó a su pueblo recordar siempre y así lo hace el pueblo hebreo, pero también los escogidos en Cristo tomamos la conmemoración para recordar que, gracias al sacrificio perfecto de Jesús, hemos sido librados de la muerte eterna. Su sangre nos ha dado vida.

Pablo le recordó y nos recuerda a nosotros que Cristo es nuestra pascua que ya fue sacrificada por nosotros. La condenación eterna que pesaba sobre nosotros ha sido quitada gracias, precisamente, al sacrificio como cordero pascual de nuestro bendito Salvador, que se entregó por nosotros. 

Pero la pascua no solo celebra la salvación de la muerte eterna, sino también la libertad. Así como la pascua hebrea señala la salida de Egipto, Cristo, nuestra pascua señala la ansiada libertad tan indispensable para bien vivir en este mundo disfrutando de todo lo que el Creador ha hecho para nosotros. 

Por eso debía ser una conmemoración extremadamente festiva, claro, solemne también, pero con algarabía y júbilo porque finalmente terminaba la esclavitud y comenzaba una vida diferente, sin el yugo de los tiranos que no nos dejaban ni respirar. La libertad por fin llegaba a la vida de los siervos. 

Cada año los hebreos siguen celebrando su pascua o pesaj y nosotros también traemos a nuestra memoria y corazón ese hecho sorprendente, milagroso y portentoso que Jesús hizo al morir en la cruenta cruz para que nosotros pudiéramos al fin se libres de la muerte eterna y de la esclavitud del pecado. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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