La Biblia dice en Números 2: 33

“Pero, tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés, los levitas no fueron contados en el censo.”

Dios le ordenó a Moisés que hiciera un censo de los judíos que estaban en el desierto que sirvió para varios propósitos: 1. Saber cuántos hebreos en edad para salir a la guerra eran. 2. Colocarlos en orden alrededor del tabernáculo y 3. Separar a los levitas para una función diferente al de todas las demás tribus. 

El pueblo judío siempre ha sido atacado desde su configuración o formación. Ha vivido, vive y vivirá en permanente conflicto con otras naciones que buscarán aniquilarlo. Así fue en el pasado, así es en el presente. Sin embargo, en el desierto fueron acomodados o distribuidos de una manera tal que el tabernáculo quedó en el centro. 

De esta forma las doce tribus de Israel acamparon alrededor de la casa del Señor: Dan, Aser, Neftalí, Judá, Isacar, Zabulón, Gad, Simeón, Rubén, Efraín, Manasés y Benjamín se colocaron como primera muralla, luego los hijos de Aarón: Coat, Merari y Gersón y frente al tabernáculo Moisés y Aarón. 

Los rabinos dicen que la colocación de las doce tribus fue de la misma forma en que cargaron el ataúd de Jacob cuando lo fueron a enterrar de Egipto a la cueva de Macpela. 

El censo que hizo Moisés en el desierto excluyó a los levitas, es decir, ellos no irían a la batalla porque su función quedó circunscrita al servicio de la casa del Señor. Ellos se encargarían de los sacrificios y montar y desmontar la tienda de servicio al Señor cuando se tuvieran que mover o acampar. 

A los levitas junto con la familia sacerdotal se le entregó de manera exclusiva todo el servicio de la tienda de reunión. No tenían que hacer nada más. Tenían muy bien definidas sus actividades. 

Esta verdad nos enseña que debemos enfocarnos en lo que Dios ha dicho que hagamos. Nos muestra que cada uno de nosotros tiene un lugar donde ha de servir al Creador. Una vez que lo encontremos dediquemos en cuerpo y alma a desarrollarlo porque solo de esa forma lograremos darle sentido a nuestra vida.

Los levitas no irían a la guerra. No enfrentarían adversarios, pero tendrían la gran responsabilidad de interceder por sus compatriotas, cuyas vidas peligraban enfrentando a sus enemigos. No era una tarea menor. Para eso los escogió Dios. 

Todos tenemos un llamado, una vocación que cumplir. Cercioremos que lo que estamos haciendo corresponde al plan de vida que el Señor trazó para nosotros, de esa manera nuestra vida tendrá sentido y cuando nos vayamos de este mundo habremos dejado una huella de servicio. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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