La Biblia dice en Salmos 119:56

“Esto es lo que me corresponde: obedecer tus preceptos.”

La palabra de Dios fue revelada al hombre para que conociera a su Creador, para que aprendiera a vivir de acuerdo a los preceptos que le permitieran conducirse de tal manera que tuviera libertad para hacer todo aquello que quisiera hacer, pero también para rechazar todo aquello que no quisiera hacer.

La revelación divina nació del carácter del Señor que quiso que su criaturas contarán con el conocimiento necesario para hacer su voluntad y no vivieran sin saber cuáles eran específicamente las demandas de quien formó al hombre del polvo de la tierra y sopló aliento de vida en él.

Ingeniosamente los judíos contabilizan seiscientos trece preceptos en los primeros cinco libros de la Biblia, de Génesis a Deuteronomio, positivos: honra a tu padre y a tu madre y negativos: no robarás. Jesús los resumió en dos: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma y todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo.

El salmo ciento diecinueve es un poema a la Escritura señalada con expresiones como dichos, mandamientos, estatutos, ley, preceptos, palabra, diseñado para mostrarnos lo fundamental que resulta la revelación divina para los seres humanos porque allí está contenida toda la sabiduría que se requiere para bien vivir.

El autor de ese hermoso salmo ha llegado a una conclusión final de su existencia: frente a Dios él tiene un responsabilidad única, ineludible e inevitable: obedecer sus preceptos. No tiene por qué discutir si está bien lo que el Señor ha dicho, no tiene que entrar en controversia con el Creador, ni mucho menos a discutir.

Lo que Dios ha dicho no está sujeto ni a negociación, ni tampoco a cambio. Su voluntad es agradable y perfecta. Él sabe porque nos ha pedido lo que está escrito en la Biblia y no tenemos ni derecho, ni razón alguna para modificarla o hacer nuestro propio código de qué sí y qué no vamos a obedecer.

Él nos ha llamado a obedecer, a someternos a su voluntad, a sujetarnos a lo que ha dicho y como dice el salmista eso es lo que nos corresponde o nos toca en esta vida, convencidos de que es lo mejor porque nunca podremos ser más sabios que el Creador y nunca podremos ganarle en inteligencia.

Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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