La Biblia dice en Job 38:28

“¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?”.

Dios le hace mucha preguntas a Job para llevarlo a pensar y reflexionar sobre las grandes limitaciones del hombre para plantarse ante Dios y exigirle que cambie sus designios o explique la razones por las que el ser humano sufre, padece y llora de dolor en el alma en este mundo.

Dios se presenta como un sinodal dispuesto a llevar al alumno al máximo de su razonamiento porque sus preguntas, si bien son sencillas, encierran un grado de profundidad inconmensurable que por más esfuerzos que haga el estudiante, en este caso Job, no podrá contestarlas.

Así son estas dos preguntas que encontramos en el verso que hoy meditamos que podemos presentarlas de manera más simple si decimos: ¿Por qué llueve? Y ¿Por qué en las mañanas hay rocío o gotas de agua en las plantas o el suelo? Generalmente la respuesta simplista es: “pues porque así ha sido, así es y así será”. Como si de esa forma respondiéramos bien.

La lluvia y el rocío son fenómenos tan habituales entre los seres humanos que pensamos que suceden, pues, porque tienen que suceder, pero en realidad cuando se hace una revisión de su origen descubrimos que detrás de ellas hay una mano poderosa e inteligente que provoca que el clima tenga una influencia enorme para que ocurran.

Sin embargo, los seres humanos somos incapaces de comprender a cabalidad como surge la lluvia y el rocío, en ocasiones porque no nos interesa y en otras porque se nos hace irrelevante, pero ambas tienen un origen celestial o un Autor que las maneja a su antojo, sin que pueden impedir presentarse o no presentarse.

Y justamente aquí radica la razón de las preguntas hechas al patriarca. Aún los fenómenos más comunes y “sencillos” que ocurren en este mundo tiene un toque divino sin el cual no sucederían y entonces como podemos plantarnos ante Dios y exigirle o demandarle por qué hace esto o deja de hacer aquello.

Somos completamente incapaces y por ello debemos de guardar respeto a Dios quien es hacedor de maravillas y quien está por encima de nuestros pensamientos. Las preguntas hechas a Job buscaban que el patriarca reconsiderara su actitud frente al dolor que experimentaba.

Definitivamente ante Dios no somos nada y solo él sabe lo que hace cuando nos ensaya con el sufrimiento. Es sabio y nunca podremos comprender su actuar. Solo podemos encomendarnos a su gracia para enfrentar los problemas, recordando siempre que nunca se equivoca y que es sabio sin medida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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