La Biblia dice en Mateo 6: 21

“Pues donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.”

Las riquezas, tesoros, bienes o dinero fueron un tema recurrente en la predicación de Jesús. No podía ser de otra manera: este mundo tiene como motor el deseo y el deseo de poseer. Las guerras y grandes conflictos generalmente tiene como fondo la ambición de tener más y más. 

Aun los creyentes viven ese conflicto, según nos dice Santiago: “codician, y no tienen; matan y arden de envidia, y no pueden alcanzar; combaten y luchan, pero no tienen lo que desean, porque no piden.”

En el sermón de la montaña, Jesús le dedicó unas palabras al tema de las riquezas para pedirle a sus seguidores que no se afanaran por hacer dinero en este mundo, sino más bien que se concentraran en hacer tesoros en el cielo donde la corrupción no daña los bienes espirituales que se tienen. 

Jesús remató su enseñanza sobre los bienes materiales de este mundo expresando una verdad incontrovertible: nuestro corazón se localiza o se mueve donde tenemos lo que para nosotros es lo más valioso de esta vida. La persona codiciosa tiene como bien máximo en este mundo hacer dinero. 

Su corazón se mueve y vive y respira para y por el dinero. No tiene más consigna que hacer riquezas, sin importar si son lícitos o ilícitos los medios para lograrlo. Jesús sabía eso y por eso señala con toda claridad que el ser completo de un hombre estará entregado por lo que hay en su corazón. 

En cambio, si lo que se buscan son los tesoros del cielo de igual forma el pensamiento y obra de la persona tendrá como referente ese tipo de riquezas y su corazón se ubicará justamente en el reino celestial buscando siempre los bienes que nace de vivir para el Señor Jesucristo y que no se pueden comprar. 

El cielo nos tiene reservado en esta tierra y en el mundo venidero paz, alegría, tranquilidad, amor, bondad y otros tantos beneficios para los cuales no se necesita dinero porque son un regalo de Jesús para todos quienes deciden seguirlo con todo su corazón y ponerlo en primer lugar en su vida. 

El corazón de los hombres puede estar en esta tierra o en el cielo, todo depende de lo que es más valioso para todos ellos. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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