La Biblia dice en Oseas 14: 9

Que los sabios y prudentes entiendan este mensaje: Los caminos del Señor son rectos, y los justos los siguen; pero los malvados tropiezan en ellos.

La vida del profeta Oseas fue una parábola dolorosa para él, pero sometido a los designios de Dios cumplió a cabalidad con su llamamiento: por instrucciones de Dios se casó con una prostituta y tuvo hijos con ella a quienes puso nombres relacionados con la relación de Dios y el pueblo de Israel, porque su matrimonio sirvió para exponer la infidelidad de los hebreos. 

Al leer los catorce capítulos de este vibrante libro uno no puede menos que conmoverse con la historia de este hombre que fue llamado al ministerio profético por el Señor y tuvo que cumplir con un mensaje que como pocos profetas involucró su vida personal, pues tuvo que elegir como consorte a una meretriz, que no cambió su estilo de vida a pesar de casarse. 

Pero de esa manera vívida, real, sin posibilidad de equivocarse o errar Dios le enseñó claramente a su pueblo su horrenda infidelidad para con su Creador. La vida de Oseas sirvió y sirve para mostrarnos la clase de felonía que se comete cuando se traiciona a Dios y se va tras ídolos sin aliento. 

Al final de su mensaje Oseas lanza estas palabras que hoy nos sirven para meditar. El vidente dice que los caminos del Señor son justos y frente a ellos hay solo dos clases de personas: los justos y los injustos, los buenos y los malvados, los temerosos del Señor y los rebeldes y profanos. 

Los primeros los siguen, pero los segundos tropiezan porque su actitud es completamente diferente. Quien quiere obedecer a Dios se esfuerza, pero quien está decidido a vivir a sus espaldas encuentra un pretexto en cada ordenanza a fin de tener una excusa para no sujetarse al Señor. 

Los caminos del Señor son rectos. La rectitud es una expresión que puede entenderse como honestidad, también como verticalidad, es decir sin cambios ni modificaciones, es decir, de una sola pieza y en consecuencia señalan con exactitud el deseo del Señor de mantener siempre nuestra lealtad a su nombre. 

Sin embargo para quienes engañan, mienten y desean vivir una vida a su gusto y estilo esa clase de existencia recta no es compatible con su manera de ver la vida. 

Que Dios nos ayude a no tropezar en sus caminos y en cambio caminar por ellos para llevar una vida que agrade al Señor y demostrarle que anhelamos profundamente serle fieles y consagrados a su santo y bendito llamado. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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