La Biblia dice en Eclesiastés 8: 10

También he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido.

Salomón observó como ningún otro personaje de la Escritura la realidad y llegó a conclusiones estremecedoras que nos comparte en su libro llamado Eclesiastés que en hebreo es Qohelet, y que las traducciones en español simplemente traducen como El predicador, aunque el rey sabio fue más que un simple orador, fue un investigador. 

Sus investigaciones lo llevaron a ciertas verdades que resultan muy incomodas para quienes creen que en esta vida las personas reciben lo que merecen o se les da lo que sus obras alcanzaron y en el verso que hoy meditamos justamente plantea una realidad muy recurrente en este mundo. 

Los malvados que se van de este mundo con honores, como si su vida hubiese sido una joya para quienes convivieron con él o con ella. La muerte los redime y los limpia. Los vivos se olvidan de la maldad que cometieron y los tratan como si hubiesen vivido de acuerdo a las demandas que el Señor tiene para cada ser humano. 

La honras fúnebres los alcanzan y entonces la memoria de lo que hicieron se olvida. Su conducta irredenta pasa a segundo plano y los que se quedan en este mundo les rinden tributo como si lo merecieran, como si todo lo mal que hicieron tuviera méritos para engrandecerlos. 

Bastó su desaparición para cancelar todo reproche. Como si su partida de este mundo hubiese purificado todas sus iniquidades. El respeto que la humanidad tiene hacia la inevitable muerte provoca esta injusticia, pero ocurre casi siempre.

Salomón escribe al respecto para mostrarnos las grandes contradicciones que encontraremos en este mundo. Su intención es comprender que los seres humanos somos absurdos, contradictorios, complejos en nuestra concepción de la realidad y podemos llegar a la negación de lo lógico. 

Esa es una de la razones por las que muchos encuentran complejo el libro de Eclesiastés, pero en realidad lo único que hace es recoger la experiencia humana en este mundo tan cargada de ironías, paradojas y situaciones, contrasentido, incongruencia y hasta disparates de hombres y mujeres. 

La vida no habría de sorprendernos, fastidiarnos ni molestarnos, si asumimos que la humanidad se mueve entre lo incoherente y lo ilógico. Nada nos desalentaría si aceptamos que en este mundo las injusticias campean porque los hombres merodeamos la locura. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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