La Biblia dice en Job 4:7

“Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? Y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?”

Job tenía tres amigos: Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita que al oír el mal que le había sobrevenido al patriarca, vinieron cada uno de su lugar para condolerse de él y consolarle y por siete días y por siete noches no hablaron una sola palabra, pero pasados esos días Elifaz habló y cuestionó al doliente personaje.

El sufriente varón fue acusado equivocadamente por su amigo porque le estaba recordando lo que desde ese tiempo se creía y hoy en día se sigue creyendo: una persona sufre por ser malvada, padece porque algo malo ha de haber hecho con alguien en lo oculto o en lo reservado. Sin conocer detalle alguno de lo ocurrido Elifaz lanzó sus erradas afirmaciones.

Es difícil aceptar que un justo padezca. Job era un hombre temeroso de Dios, recto y apartado del mal y no lo decía él, lo decía el propio Señor, pero vivimos bajo una cultura que de ningún modo acepta que una persona buena padezca, pero eso es una grave equivocación que nos lleva a apreciaciones y consideraciones erradas.

Los buenos también sufren y a veces en demasía. Padecen como si hubieran hecho cosas malévolas y muchos de quienes le rodean para explicar fácilmente lo que sucede los responsabilizan de lo que les está ocurriendo sin saber que detrás de un gran dolor hay una intención oculta a los ojos de todos.

Elifaz se fue por la deducción más fácil, simplona. De acuerdo a su visión, Job sufría porque había hecho algo mal. Lo que Elifaz estaba haciendo era acusarlo de ser el único responsable de lo que estaba aconteciendo a su alrededor, sin pensar que en realidad lo que estaba sucediendo era parte de la voluntad de Dios.

Las palabras del amigo de Job nos llevan a varias consideraciones ante el sufrimiento. La primera de ellas es que la razón u origen del mismo es difícil de encontrarlo con toda certeza. La segunda es que para muchos resulta inaceptable que un justo sufra y la tercera es que nuestros padecimientos ni nosotros mismos sabremos porque llegan a nuestra vida.

Para Elifaz como para muchos ningún inocente se ha perdido y ningún recto ha sido destruido, pero esa fue una lógica equivocada porque los caminos del Señor son indescifrables y en consecuencia solo él sabe porque llega a la vida de las personas tanto dolor.

Los buenos también sufren esa es una realidad. Ante esa posibilidad seamos empáticos con todos los que padecen porque nada sabemos y dejemos de ocupar el lugar de Dios a la hora de condenar ante el dolor ajeno.

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