La Biblia dice en 1ª Timoteo 1:19

“Algunos, por no haber hecho caso a su conciencia, han fracasado en su fe.”

Me gusta más este verso en la versión Biblia Latinoamericana que dice así: “Conserva la fe y la buena conciencia, no como algunos que se despreocuparon de ella y naufragaron en la fe.” El texto nos ofrece así mejor claridad para comprender la recomendación que Pablo le hace a su amado colaborador llamado Timoteo.

El medio de transporte por excelencia en el época del apóstol Pablo eran las embarcaciones. Fenicios, vikingos, romanos y griegos se disputaban la construcción de las mejores naves tanto comerciales como de pasajeros y a veces mixtas. Algunos barcos conservados en museos dan cuenta de la fabulosa e inteligente ingeniería de los constructores.

Por esa misma razón era común escuchar o conocer sobre naufragios que dejaban no solo pérdidas de vidas humanas sino también artículos y productos mercantiles que se hundían junto con el barco, que por sí mismo ya representaba una gran calamidad económica para sus propietarios. Un naufragio era costoso por donde se le viera.

Los barcos se iban al fondo del mar por las más diversas causas, falta de pericia del capitán, una tormenta atípica o vientos contrarios a la navegación que hacían que nunca llegaran a su destino pasajeros y productos, cuando el barco era mixto.

Esa es justamente la figura que Pablo utiliza para hablar de quienes en la iglesia dejando la buena conciencia se pierden. El apóstol enseñó mucho sobre el tema de la conciencia divida solo en dos categoría: buena conciencia y mala conciencia. Pablo luchaba por tener una buena conciencia y quería que los cristianos tuviéramos esa misma premisa.

La conciencia es una capacidad dada por Dios para distinguir el bien del mal convirtiendo a cada persona en un agente moral. Es de tal relevancia la conciencia que el mismo Pablo dice en la carta a los Romanos que a quienes no conocieron la ley serán juzgados por su conciencia.

Una conciencia sana o buena es aquella que sabe distinguir claramente el bien del mal y una mala conciencia es aquella que ha perdido esta capacidad y le da lo mismo el bien que el mal ya que su conciencia no hace distingo alguno de la diferencia entre ambos.

Los que naufragan en la fe son aquellos que han dejado de luchar por tener una buena conciencia. Descuidaron la capacidad que Dios les dio para distinguir perfectamente el bien del mal o viceversa y se perdieron en ese nebuloso mundo donde no hay bien y tampoco hay mal.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario