Lucas 1:51-52

51 Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. 52 Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.

Introducción

María encuentra motivos suficientes para engrandecer a Dios y disfrutar del gozo de su salvación. No es una emoción que nace de ella misma. No. La experiencia que esta viviendo tiene su origen en la palabra de Dios. Nadie como ella para conocer lo que representa la intervención divina en la historia de la humanidad.

En nuestra serie hemos acompañado a María en las motivaciones que tiene para engrandecer a Dios y sentir el gozo de su salvación.

Hemos meditado sobre estas cuatro razones por las que María exalta, ensancha y engrandece a Dios con mucha alegría:

A. Porque Dios ha condescendido con los hombres
B. Porque Dios ha hecho grandes cosas
C. Porque Dios ha mostrado su misericordia
D. Porque Dios ha hecho proezas

Y en esta ocasión meditaremos otras dos razones que son:

E. Porque Dios ha esparcido a los soberbios
F. Porque Dios ha humillado a los poderosos

La versión católica del Magníficat traduce así esta oración:

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.
Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.

En latín la oración completa es la siguiente:

“Magníficat ánima méa Dóminum,
Et exultávit spíritus méus in Déo salutári méo.
Quia respéxit humilitátem ancíllæ súæ,
ecce enim ex hoc beátam me dícent ómnes generatiónes.
Quia fécit míhi mágna qui pótens est :
et sánctum nómen éjus
Et misericórdia éjus a progénie in progénies timéntibus éum.
Fécit poténtiam in bráchio súo :
dispérsit supérbos ménte córdis súi.
Depósuit poténtes de séde,
et exaltávit húmiles.
Esuriéntes implévit bónis :
et dívites dimísit inánes.
Suscépit Israël púerum súum,
recordátus misericórdiæ súæ.
Sicut locútus est ad pátres nóstros,
Abraham et sémini éjus in saécula.
Glória Pátri et Fílio et Spirítui Sáncto,
Sicut érat in princípio, et nunc, et sémper,
et in saécula sæculórum. Amen.”

María recita este salmo porque esta convencida de la presencia de Dios en su vida controlando, dominando y dirigiendo cada uno de los acontecimientos alrededor del nacimiento de Cristo. Y en este tercer estudio basado en esta plegaria abordaremos las frases: dispersa a los soberbios de corazón, que en nuestra versión Reina Valera 1960 señala: esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

En la latín la frase dice: dispérsit supérbos ménte córdis súi.

Y estudiaremos también la frase: derriba del trono a los poderosos, que en nuestra versión Reina Valera se traduce así: Quitó de los tronos a los poderosos y en latín se presenta de la siguiente manera:Depósuit poténtes de séde.

E. Porque ha esparcido a los soberbios

María dice que Dios esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. La madre de Jesús recuerda en el Magníficat una de las acciones que muestra la grandeza de Dios en su trato con los soberbios. A los soberbios el Señor los dispersa. Eso fue lo que hizo con los hombres que construían la torre de Babel, según leemos en Génesis 11:8 que dice: Así los espació Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra y dejaron de edificar la ciudad.

Según leemos en ese pasaje hasta ese momento la humanidad pos-diluviana vivía junta en un mismo territorio y bajo una misma lengua, sin embargo su altivez y rebelión contra Dios al intentar construir una torre cuya cúspide llegara al cielo hizo que el Señor decidiera dispersarlos para siempre y separarlos con idiomas diferentes.

Eso es lo que María recuerda con esta expresión, el momento en que el mundo entero fue separado en naciones, pueblos, lenguas y tribus por una actitud soberbia. En el griego la palabra “dispersó” procede de la raíz griega “diaskorpízo” que procede de dos términos: “día” que se traduce como “completamente” o que intensifica una acción.

Y la expresión “skorpízo” que se traduce simplemente como “esparcir”. Juntos ambos vocablos hacen que la palabra “diaskorpízo” signifique esparcir ampliamente o dispersar en gran medida. Y el mejor ejemplo de esta verdad es justamente lo acontecido en el valle de Sinar cuando comenzaron a construir la torre de Babel.

La intención de estos hombres era la de plantarse frente a Dios para derrotarlo o ganarle. La torre era una manera de decirle que no aceptarían de nueva cuenta que los destruyera por medio de un diluvio, pero en lugar de eso lo que obtuvieron fue una estrepitosa derrota porque Dios los dispersó, los esparció y tuvieron que aceptar una diáspora obligatoria.

María relaciona esta verdad con el nacimiento de Cristo porque de nueva cuenta Dios demostró su gran poder al llevar a cabo la encarnación del Salvador del mundo frente a todos sus adversarios que no pudieron hacer nada y fueron dispersados ante la aplastante victoria del Creador.

Los soberbios, los altivos, los orgullosos y todos aquellos que se oponen a Dios terminan siempre así. La navidad es una celebración para todos los pobres en espíritu, para los humildes y sencillos que ven en el pesebre la grandeza de Dios por eso no llegó Herodes allí con todo y saber que había nacido el rey de los judíos.

En el Magníficat de María queda de manifiesto que los soberbios fueron y serán dispersados siempre porque conoce el pensamiento de sus corazones. Dios sabe lo que tienen en mente, aún sin que ellos lo hablen.

F. Porque Dios ha humillado a los poderosos

El verso cincuenta y dos de nuestro estudio dice de la siguiente manera: Quitó de los tronos a los poderosos. La versión católica del Magníficat que hemos incluido en este estudio lo traduce así: derriba del trono a los poderosos, mientras que en latín la encontramos así: Depósuit poténtes de séde.

María dice claramente que a los poderosos Dios los humilla quitándoles sus tronos, derribándolos y deponiéndolos. La palabra poderoso que utiliza la versión Reina Valera 1960 procede de la raíz griega “dunastés” que se traduce como gobernante. La expresión nos remite al término dinastía.

Este vocablo nos ayuda a comprender que se refiere a hombre con poder que gobierna por la fuerza. A esta clase de hombres o gobernantes lo que hace Dios es deponerlos de su posición de poder y en ese sentido los humilla porque de la noche a la mañana dejan de tener poder y se convierten en simples mortales.

En su Magníficat María recuerda que engrandece a Dios y se alegra en su salvación porque ni los soberbios ni los poderoso podrán nunca contra Dios. Podran alardear de sus grandezas, podrán mostrar su poderío, pero frente a Dios nada son porque Dios los dispersa y los derriba.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario