La Biblia dice en Lucas 1:46-25

46 Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, 50 y su misericordia es de generación en generación a los que le temen. 51 Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. 52 Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. 53 A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. 54 Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia55 de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.

Introducción

En todo el Nuevo Testamento solo se conoce una oración de María. Fue registarada por el evangelista Lucas y se le conoce con el nombre de El Magníficat. Se le denomina así porque en la traducción al latín de la Biblia conocida como Vulgata Latina la primer palabra es justamente “magníficat” que otras versiones traducen como engrandece o glorifica.

El Magníficat junto con otros tres himnos configuran los cuatro cantos u oraciones que Lucas registró en su evangelio. Los otros tres son el de Zacarías, el de Simeón y el de las huestes celestiales que anunciaron a los pastores de Belén el nacimineto del Salvador del mundo.

La plegaria o adoración de María revela el grado de conocimiento del Antiguo Testamento que la madre de Jesús tenía. Nos ofrece como se veía a sí misma, pero sobre todo como concebía al Dios que la escogió para acoger en su seno la humanidad del Rendentor de la humanidad.

María cita diversos pasajes de las tres secciones en las que se divide la Biblia hebrea conocida como Tanaj o Tanak: Torá, Navim y Ketubim: La ley, los Profetas y los Escritos que contienen los 39 libros que los judíos aceptan como divinamente inspirados y que en nuestras biblias encontramos de Génesis a Malaquías.

De hecho hay grandes similitudes con la oración de Ana que se registra en el 1º de Samuel 2: 1-11 en el que la madre de Samuel vuelca su corazón al convertirse en madre luego de no poder tener hijos y dedica a su hijo al servicio del Señor emocionada porque su vergüenza fue borrada.

La oración de María nos servirá estos días para reflexionar sobre la manera en que esa mujer concibió la encarnación de Cristo, lo que representó para ella de manera personal el nacimiento de su hijo. Su alabanza nos permite acercarnos a su experiencia personal y su concepción del Creador.

Sus palabras nos pueden auxiliar grandemente para acercarnos mejor y con una perspectiva correcta a los sucesos de la encarnación de Cristo. En sus expresiones podemos ahondar en nuestra relación con Cristo porque ella vio a Dios como su Salvador, lo que nos muestra que ella misma admitió la necesidad del Redentor.

En la versión Reina Valera 1960 encontramos diez motivos o diez razones por las que María engrandece al Señor o magnífica al Señor. En el transcurso de estos días desarrollaremos un par de ellas en cada uno de nuestros estudios.

Magníficat: El gozo de su Salvación

A. Porque Dios ha condescendido con los hombres
B. Porque Dios ha hecho grandes cosas
C. Porque Dios ha mostrado su misericordia
D. Porque Dios ha hecho proezas
E. Porque Dios ha esparcido a los soberbios
F. Porque Dios ha humillado a los poderosos
G. Porque Dios ha exaltados a los humildes
H. Porque Dios ha colmado de bienes a los hambrientos
I. Porque Dios ha enviado vacíos a los ricos
J. Porque Dios ha socorrido a Israel

María dice que magnifica, engrandece, glorifica o eleva a Dios desde su alma y juntamente con su alma su espíritu se regocija o alegra en Dios su Salvador. María experimentó una profunda dicha que la llevó a engrandecer a Dios y esa dicha fue el resultado de saber perfectamente que en sus entrañas lleva al Salvador del mundo.

La salvación que ella y todos necesitamos. Cuando David escribió “vuélveme el gozo de tu salvación” le estaba suplicando a Dios que le ayudara a recuperar la certeza de que Dios le iba a ayudar, de que estaba en paz con Dios y en caso de alguna contigencia o necesidad Dios estaba de su lado.

Tras la visita a Elisabet que fue llena del Espíritu Santo tan solo con el saludo de María, la madre de Jesús compendrío que en sus entrañas se estaba gestando un ser que traería salvación a todo el mundo y a ella misma. La razón de esta actitud radica en que ella misma se sentía necesitada de Dios.

Necesitaba un rendentor, requería el auxilio de Dios para librar su alma de las garras de la maldad y el pecado. Ella misma se vio tan necesitada que al componer esta oración nos dejó en claro que todos los seres humanos imperfectos, pecadores y distanciados de Dios, necesitamos siempre su ayuda, auxilio y protección. Ese es el sentido de la palabra salvación.

Son diez las razones o motivaciones por las que María se siente sumamente gozosa. Diez razones que nos servirá para alegrarnos al pensar y recordar el namicimiento de nuestros bendito Salvador.

A. Porque Dios ha condescendido con los hombres

En el verso cuarenta y ocho del Magníficat María dice lo siguiente: 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

La versión Dios Habla Hoy traduce este verso de la siguiente manera: “Porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava, y desde ahora siempre me llamarán dichosa.” La versión la Biblia de la iglesia en América lo hace de la siguiente manera: “Porque se fijo en la humildad de su servidora. Desde ahora todas las generaciones me llamarán dichosa.”

David se pregunta en el salmo ocho: ¿Quién es el hombre para que tengas de él memoria y el hijo del hombre para que lo visites? Sorprendido porque el Creador con su inmenso poder decidió acercarse a la humanidad. Esta misma idea es la que el salmo ciento trece contiene cuando su autor escribe:

¿Quién como Jehová nuestro Dios que se sienta en la alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?

A María le impresiona e impacta esa verdad. Dios la miró a ella y nos miró a nosotros. Volteó a vernos, dirigió su mirada a nosotros que estábamos completamente perdidos, sin interés en su palabra y menos en su persona, sin embargo miró nuestra triste condición y nos llenó de bendición.

A María desde entonces se la llama bienaventurada, pero a nosotros también cuando decidimos seguir con todo nuestro ser a Dios a través de Jesucristo como queda plasmado en el sermón de la montaña cuando nos dice: Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.

Dios ha condescendido y condesciende con los hombres. No nos olvidó y envió a su hijo a nacer de una mujer que reconoció también que era una sierva, una esclava, una servidora y eso la llenó de gozo y alegría porque de esa manera se gestó la salvación de toda la humanidad.

B. Porque Dios ha hecho grandes cosas

El verso cuarenta y nueve del Magníficat dice de la siguiente forma: 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre.

María estaba completamente segura que Dios había hecho algo en su vida. Ella no tenía la menor duda de que el Señor había obrado poderosamente para que su cuerpo fuera el instrumento para que el Hijo de Dios naciera. El milagro de la encarnación representó para María una de las más grandes y poderosas obras que Dios pudo hacer.

Si alguien experimentó de manera contundente y sin matices el poder de Dios fue María. Por eso declara firmemente que Dios es Poderoso. El corazón de esta mujer no tuvo la menor duda de que el Señor el Poderoso y por ello se siente con la obligación de engrandecerlo y con una alegría inmensa por la salvación.

Pero al mismo tiempo reconoce que Dios es santo, uno de los atributos que nos lleva a considerar que la maldad no es compatible con el Creador, que Dios vive y se mueve siempre bajo los parámetros de santidad y pureza y nosotros debemos vivir ajustados a esos valores.

Dios es Poderoso y Santo, dos atributos que nos muestran que el Señor del cielo y de la tierra puede hacer grandes cosas en todos aquellos que caminan bajo su manto de pureza y santidad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario