La Biblia dice en Amós 6:5

“Entonan canciones frívolas al son del arpa y se creen músicos tan magníficos como David.”

El profeta Amós denuncia la conducta indolente de los hebreos de su tiempo. Amós vivió ocho siglos antes de Cristo y aunque nació en Tecoa, una villa cercana a Belén su ministerio lo desarrolló entre las diez tribus de Israel que también se conoce como reino del norte como resultado de la separación de la monarquía a la muerte del rey Salomón.

La riqueza y opulencia provocó entre los israelitas del norte una desmemoria amoral que les llevó a aprovecharse de los débiles y a enriquecerse a toda costa, sin pensar o reparar que para ello violaran los preceptos de la ley mosaica y con ello resultar culpables de pecados sociales como el robo y el hurto, la estafa y el despojo de los más débiles.

Pero su vileza fue exponencial al arrebatar a los menesterosos y necesitados sus bienes y propiedades sin el menor asomo de vergüenza o pena al enriquecerse a costa del dolor de la viuda, el huérfano y el extranjero, seres que la Escritura protege grandemente por sus grandes necesidades.

Sin embargo los hebreos del reino del norte no se inmutaban ante tal infamia y al contrario adoptaban una actitud tan altiva y engreída que entonaban canciones frívolas al son del arpa y se creían músicos tan magníficos como el propio rey David, sin percatarse que debían de cambiar de actitud.

A los judíos del tiempo de Amós les sucedió lo que a los creyentes modernos suele ocurrirles: sienten que pueden imitar a ciertos personajes de la Escritura en algunas partes de su vida, pero no en todo lo que hicieron. David tocaba el arpa y cantaba, pero antes de eso Dios mismo reveló que el corazón del monarca estaba conforme al suyo.

El verso que hoy meditamos nos enseña que el ejemplo de grandes hombres de Dios se toma en todo lo que dice, no solo en lo que nos gusta o agrada. David cantaba y componía Salmos y de igual modo era inventor de instrumentos, pero su vida estaba entregada a Dios en todas sus áreas.

Si no tenemos en consideración esta verdad y tratamos de imitar a personajes como David, sin comprometernos con Dios, lo único que estamos logrando o a la único que aspiraremos es convertirnos en una mala copia, que no es otra cosa que un simulador o hipócrita.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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