La Biblia dice en Juan 21:3

“Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos contestaron: Nosotros también vamos contigo. Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada.”

Mi último libro que leí en el recién concluido 2023 fue “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway que relata magistralmente las peripecias de un anciano pescador en el caribe. La grandeza de este trabajo del escritor estadounidense es que nos ofrece un relato donde el protagonista pasa días solo en una pequeña barca, hablando consigo mismo y con peces, pájaros y otros, es decir no interactúa con otros personajes humanos.

Me llamó poderosamente la atención el hecho de que al no poder pescar nada por mucho tiempo sus conocidos y él mismo pensaban que tenía mala suerte. Consulté con un amigo que vive en litoral oaxaqueño si el hecho de que no pescaran al salir al mar tenía algún significado y me dijo que sí, en efecto, los pescadores de su región también piensan que es mala suerte.

Mientras charlaba con él irremediablemente asocié a los discípulos y en particular a Pedro quien según el relato del apóstol Juan pasó toda un noche tratando de pescar y no logró obtener nada. Me imagino la frustración y el desencanto que padeció él y sus hermanos apóstoles y tal vez ellos también pensaron que tenían mala suerte.

Por cierto mi amigo también referenció la historia de Jonás para señalar que ante todo lo que pasa en el mar con quienes pescan siempre buscan una razón cuando ese topan con una adversidad o contrariedad.

Juan escribe el relato cuando Jesús había muerto y los discípulos no lo han reconocido cuando se ha presentado ante ellos resucitado. Ante la muerte de Jesús los apóstoles reaccionaron retornando a sus labores antiguas con tan mala fortuna que nada pudieron hacer, a pesar de que pasaron las horas tratando de pescar algo.

El evangelio de Juan nos dice que en ese momento cuando amanecía y ellos no habían pescado nada Jesús se les apareció y les dijo que echaran la red a la derecha de la barca algo que hicieron y entonces ocurrió el milagro: ¡la red casi se rompía por la cantidad de peces que obtuvieron! Atender las indicaciones de Jesús siempre nos traerá bendición.

El relato de Juan nos recuerda y nos hace reflexionar seriamente sobre lo infructuoso que resulta hacer las cosas por nosotros mismos. Lo vano que constituye planear y ejecutar sin el auxilio divino y no, en los creyentes no es mala suerte, en muchas ocasiones es desobediencia y tampoco es buena suerte cuando todo sale bien, es bendición del cielo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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