La Biblia dice en Números 12:13

“Entonces Moisés suplicó al Señor: Por favor, oh Dios, te ruego que la sanes.”

El casamiento de Moisés con una mujer cusita o etíope dio pie a una murmuración de María y Aarón, sus hermanos, contra él porque les desagradó grandemente que su pariente tomara una mujer de color y se convirtiera en su consorte. Se sintieron agraviados por la decisión de su hermano.

Dios intervino a favor de Moisés dando a entender que la decisión tomada por su servidor estaba avalada por el Señor y sirvió de paso para mostrar la prendas espirituales del legislador de Israel ya que les habló de la humildad y sencillez con la que conducía su vida ante el Señor motivo por el cual su relación con él era personal, directa, sin intermediarios.

Pero también Dios les demostró su desagrado por murmurar contra su hermano del tal suerte que María fue castigada con lepra, una enfermedad de la piel que le obligó a ser separada del resto del pueblo por siete días lo que provocó que Aarón se sintiese desfallecer al ver su hermana en ese estado.

Moisés, entonces, le pidió a Dios que sanara a su hermana. Olvidó rápidamente el agravio que le había provocado María al hablar mal de él y de su esposa cusita o etíope y rogó al Señor que le devolviera la piel que tenía antes de hablar mal de su persona, mostrando así su carácter apacible y perdonador.

Nos queda claro que Moisés no se enalteció al ver que Dios personalmente defendió su reputación. No se enorgulleció al saberse cuidado y protegido por Dios, quien de esa forma hizo un reconocimiento personal de su siervo y al contrario suplicó piedad por su hermana que lo ofendió.

La mansedumbre, nos muestra Moisés, es una virtud que nos hace perdonar y olvidar agravios, que nos ayuda no solo a controlar nuestro temperamento ante quienes nos lastiman con sus palabras, sino también a adoptar una actitud modesta y sencilla al ser objeto de la ayuda divina contra nuestros detractores.

El ejemplo de Moisés nos ayuda a quedarnos quietos ante quienes con mentiras y falsedades nos difaman porque Dios cuidará siempre nuestra imagen pública y lo hará de manera insospechada. De lo único que debemos tener cuidado cuando hablan de nosotros es que no tengan razón.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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