La Biblia dice en Juan 1: 51

“También dijo Jesús: Les aseguro que ustedes verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”

El evangelista Juan recogió milagros y palabras que los otros tres evangelistas no, por una razón fundamental, Juan escribió al último y consideró que había pasajes y expresiones de Jesús que debían plasmarse y una de ellas fue este diálogo que nuestro Señor Jesucristo tuvo con Natanael, un judío con graves problemas de racismo. 

Natanael que despreciaba a los galileos grandemente quedó gratamente sorprendido e impresionado cuando Jesús le dijo que antes que Felipe lo llevara con él, lo había visto debajo de la higuera, una expresión judía que servía como eufemismo para decir que lo había visto meditando la palabra de Dios. 

Por eso, le cita el verso que hoy meditamos, el cual refiere al sueño que tuvo el patriarca Jacob en el que vio una escalera que llegaba al cielo y a los ángeles que bajaban y subían por ella, lo que lo dejó asustado porque se convenció que en ese lugar habitaba Dios con toda su fuerza y poder. 

Jesús se comparó con esa escalera que unía al cielo con la tierra y fue más allá en dos aspectos, primero les dijo a sus primeros seguidores que verían el cielo abierto, una expresión para precisarles que el reino de los cielos se abriría ante sus rostros y en segundo lugar que los ángeles subirían y bajarían sobre el Hijo del Hombre. 

Las dos promesas que les hizo en ese momento se cumplieron cabalmente. La primera fue generosa porque literalmente el cielo se abrió con milagros jamás vistos entre los hebreos y la segunda también ángeles tuvieron una participación singular no solo durante el nacimiento de Jesús sino en su propio ministerio cuando ayunó y cuando oró en Getsemaní.

El Señor Jesucristo unió la tierra con el cielo. Se convirtió en el mediador por excelencia. Nos mostró en este mundo el cielo. Nos acercó a esa realidad que el pecado nos ocultó y lo hizo de manera amplia, sin ninguna clase de mezquindad al contrario nos abrió el entendimiento para descubrir que este mundo es apenas una apariencia. 

Natanael nunca olvidó estas palabras como tampoco nosotros debemos olvidarlas sobre todo cuando el mundo parece tan atractivo y sugerente, cuando nos sentimos tan a gusto en esta tierra o que cuando padecemos tanto y creemos que siempre será así. En realidad esto es pasajero y pronto acabará. 

De esa forma, Jesús quiso atajar el racismo lacerante de Natanael. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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