La Biblia dice en Salmos 20:7

“Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.”

Dios nos dotó a los seres humanos con la capacidad de recordar o tener memoria. Algunos la desarrollan más que otros, pero a todos se nos dio esa facultad. Los salmos acrósticos como el ciento diecinueve o el libro de lamentaciones construidos en forma de acróstico con las veintidós letras del alfabeto hebreo fueron escritos así para poder memorizarlos.

Dios sabe que lo podemos hacer y por eso fueron escritos de esa forma al igual que, por ejemplo, el salmo treinta y siete y muchos otros pasajes del Antiguo Testamento. La repetición es un manera de no olvidar, pero la memoria del corazón es la que mejor ayuda porque anidado en lo más profundo de nuestro ser jamás se extraviará. Estará presente.

A Dios le interesa y mucho que sus hijos no sean olvidadizos, que no permitan que de su mente se borren ciertas cosas como el hecho de que Dios es grande y sus obras escritas y descritas en la palabra de Dios sean imborrables.

El orden del servicio de pascua de los judíos, les pedía y pide, que hagan de cuenta que la noche de la celebración es la misma noche que salieron de Egipto para que le cuenten a sus hijos de manera vívida el relato.

Martín Lutero le pedía a los creyentes de la reforma protestante que vivieran de la siguiente manera: como si Cristo hubiera muerto ayer, hubiera resucitado hoy y fuera a venir mañana de esa forma trataba de hacerles ver la relevancia de tener presente la obra de Cristo en sus vidas para mantenerse siempre firmes.

Porque cuánta fuerza necesitamos cuando se apresuran los conflictos en nuestra vida, cuando arrecian la circunstancias que nos pone contra la pared, cuando el enemigo nos acorrala y parece que desmayamos y caemos para no levantarnos nunca más.

El salmista David escribió este salmo que nos hace recapacitar de lo insuficientes que son nuestras capacidades y recursos a la hora de enfrentar adversidades que ponen en grave riesgo no solo nuestra estabilidad emocional y financiera, sino la que hace peligrar nuestra vida.

Y por eso a manera de oración se desmarca de aquellos que ponen su confianza en sus posesiones materiales y se adhiere a quienes tiene muy presente lo que Dios ha hecho a lo largo de los siglos. El salmista se asume y quiere que nos asumamos también así como aquellos que no olvidamos, sino que guardamos en la memoria todo lo que Dios es y hace.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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