La Biblia dice en Éxodo 17: 15

“Moisés hizo un altar, al que puso por nombre: El Señor es mi bandera.”

Con un pueblo debilitado anímicamente por haber salido apenas de la esclavitud de Egipto, Moisés tuvo que enfrentar a los amalecitas y para ello le pidió a su ayudante Josué que compactara un ejército de judíos para luchar contra el pueblo de Amalec, mientras él, Aarón y Hur subían a la cumbre del collado donde se desarrollaría la pelea. 

Moisés subió con la vara de Dios en su mano y sucedía que mientras levantaba la vara el pueblo de Israel prevalecía contra Amalec, pero cuando la bajaba, la balanza se inclinaba a favor de los amalecitas y por eso Aarón y Hur consiguieron una piedra para sentarlo y luego cuando se cansaba de tener los brazos en alto, ellos los sostenían. 

De esa manera Israel derrotó a uno de sus grandes enemigos y una vez que la batalla concluyó, lo primero que hizo Moisés fue edificar un altar en ese lugar y le puso por nombre el Señor es mi bandera, es decir, le puso Jehová-nisi como memorial de la victoria que el Creador les dio a los israelitas. 

La historia nos enseña muchas verdades prácticas para nuestra vida. Desde el nombre que recibió el lugar: Dios es el que pelea por nosotros. A nosotros nos toca hacer una parte, pero será siempre él que nos hará vencedores. A mí me toca hacer lo que humanamente puedo hacer, pero definitivamente Dios hará la parte más complicada, la que yo nunca podré hacer.

Una bandera está hecha para lucir, no para guardarse o estar en tierra. Jamás. Un estandarte debe ondear en todo lo alto. Moisés comparó a Dios con una bandera, pero una bandera que ondea en lo más elevado de un lugar, para que todos la vean. El significado es sencillo: Dios por encima de todo y de todos. 

Concebir así a Dios o tratar a Dios dándole el lugar más importante en la vida hará que nuestras batallas, luchas y guerras las podamos ganar, tal vez cansados, fatigados, sin fuerza, pero convencidos que él ocupa el lugar más elevado, que lo lucimos, que no nos avergüenza decir que él es exaltado en nuestra existencia. 

Moisés entendió, como debemos entender nosotros, que no fueron sus brazos, sino la gracia divina, pero sobre todo entendió que eso no significa que no debemos esforzarnos, al contrario, debemos darle todas nuestro vigor al Señor, pero recordar siempre que es él y su poder no nosotros y nuestra labor. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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