La Biblia dice en Lucas 1:29

“Mas ella, cuando le vio, se turbo por sus palabras, y pensaba qué salutación sería ésta.”

María tuvo miedo y tuvo dudas. Como todos los seres humanos ella experimentó esas dos emociones propias de quien esta ante un suceso sobrenatural. Ella no era una extraterrestre, era una mortal igual que todos nosotros y tuvo las mismas emociones que experimentamos todos.

Y no era para menos, Dios le había enviado al ángel Gabriel para darle un mensaje que resaltaba sus virtudes que tal vez ella no había pensado y certezas que si bien conocía, en ese momento le golpearon la mente al venir de un ser angelical que le habló y le dijo como la veía Dios.

María tuvo miedo y dudas porque nunca imaginó el concepto que Dios tenía de ella. Ella se veía como una joven como tantas en Israel, que estaba enamorada de su prometido José, con quien ya estaba desposada y a punto de casarse bajo las estrictas medidas judías y pronto instalaría su hogar y tendría hijos e hijas como correspondía a toda mujer hebrea.

Pero de repente un ángel enviado desde la misma presencia de Dios habla con ella y le formula conceptos e ideas sobre ella, que no eran usuales porque la ponían o colocaban en un posición de privilegio espiritual. Ella sabía perfectamente el sentido de las palabras “el Señor está contigo” y “bendita tú entre las mujeres.”

El personaje del Antiguo Testamento que reunió esas dos características fue José, el soñador, con quien el Señor estaba y fue varón prospero o un varón bendecido. Por supuesto que tuvo una posición de privilegio, pero también padeció mucho por sus hermanos y en la cárcel de Egipto sin que tuviera la culpa.

Por eso tuvo miedo. Sabía lo que significaba que Dios estuviera con ella y que fuera bendecida. Y por eso tuvo grandes dudas al escuchar a Gabriel dirigirle esas palabras. Ella experimentó lo que Pablo escribiría más tarde: temor y temblor y que los salmos registran como parte de las emociones que uno enfrenta ante Dios.

Los creyentes experimentaremos miedos y dudas, pero hagamos como María que esperó que el ángel le completara el mensaje y sobre todo que no se fue y se quedó con el miedo y las dudas sino que las revisó y trató con el Señor a fin de que tuviera claridad de lo que había oído y el sentido que tenían para su vida.

Cuando tengas miedo y dudas no te quedes con ellas, preséntalas a Dios que siempre tendrá una respuesta a cada uno de esos sentimientos. Tener miedo y tener dudas no es problema. El problema es quedarse así, porque tarde o temprano ambas nos alejarán del Señor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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