La Biblia dice en Lucas 10:2

“Les dijo: Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Por eso, pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla.”

La propagación del evangelio fue comparada con una cosecha inmensa con pocos trabajadores. La parábola de Jesús fue exquisita para enseñarle a su seguidores las condiciones para trabajar en la labor de compartir las buenas nuevas de salvación: un gran campo con insuficiencia de trabajadores.

En primer lugar quiso hacerles ver el tamaño del trabajo para que entendieran que sería agotador, que se necesitarían siempre cada vez más y más obreros que apoyaran la evangelización y en segundo lugar que la obra tenía un Dueño y que no eran ello y en tercer lugar que no habría muchos colaboradores que quisieran apoyar esa actividad.

Pero en cuarto lugar les enseñó que se debería pedir al Dueño de la viña que les enviara trabajadores a recogerla, no que se quejaran por la falta de voluntarios, ni tampoco impedirles a quienes deseaban ayudar en esa labor, sino rogar, suplicar por ayuda para esa desgastante actividad.

La difusión del mensaje de Cristo se debe hacer teniendo en consideración las verdades que Cristo planteó en el verso que hoy meditamos. Es una labor urgente que reclama muchos servidores. No se trata de una competencia, sino de una labor en la que los obreros deben entregar todo y al mismo tiempo pedir por más obreros.

Jesús tuvo un diagnóstico perfecto de las necesidades de los seres humanos y supo perfectametne que necesitaban con urgencia un mensaje que llenara su alma, una enseñanza que fuera lo suficientemente poderosa para cubrir sus insatisfacciones internas y una palabra de aliento en este mundo lleno de desesperanza.

El Dueño de la mies tiene obreros, no directivos. Tiene trabjadores no copropietarios. Cristo es el Señor de la mies y nosotros somos sus servidores. No podemos ni debemos olvidar que todos, sin distinción, hemos sido llamados a llevar las buenas nuevas de salvación a los perdidos.

Entre más obreros haya más eficaz será la labor de cosechar almas para el cielo donde hay gozo y regocijo por cada pecador que se arrepiente.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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