La Biblia dice en 2º Reyes 11: 1-3

Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real. 2 Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron.

3 Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue reina sobre el país.

Introducción

Desde David hasta el último rey de Israel, los monarcas fueron siempre varones. Así estaba diseñada la monarquía judía. Desde sus comienzos hasta su fin. Una mujer no podía acceder al trono bajo ninguna circunstancia porque el gobierno del pueblo judío fue reservado exclusivamente por hombres.

La promesa que Dios hizo a David sobre sus descendientes fue clara: gobernaría un varón sobre todos y no una mujer. Atalía no solo violentó un acuerdo humano, sino divino al ocupar una posición que no le correspondía.

La única mujer que reinó sobre los judíos fue Atalía, pero para lograrlo o para acceder al poder supremo de la nación israelita tuvo que recurrir a la violencia y la crueldad sin medida porque se tuvo que deshacer de toda la descendencia real que había en sus días, es decir mató a todos los hijos que tenía Ocozías.

Atalía era en verdad despiada porque mató a sus propios nietos con tal de que nadie reclamara el reino. Era una mujer impía que no tenía interés en la vida espiritual de su hijo porque en lugar de conminarlo a no repetir los grandes pecados de Acab con Baal, no solo no lo reprendió, sino que lo alentó.

Su historia se encuentra relatada tanto en el 2º de los Reyes 11 como en el 2º Crónicas 22-23 y nos muestra a una mujer ambiciosa que quiso ser reina a como diera lugar, sin importar que para llegar al cargo tuviera que cometer un sin fin de fechoría, crímenes y homicidios aun contra su propia familia.

La ambición es justamente así. Destructiva, dañina y malévola porque el ambicioso es cegado, nublado y entenebrecido con sus deseos de tener o alcanzar algo que para él es fundamental en su vida, sin importar lo que tenga que hacer. Atalía era una ambiciosa consumada. No tenía empachó en matar aún a sus propios nietos.

La vida de Atalía nos sirve para adentrarnos en los oscuros pasillos de la ambición. Su persona nos permite acercarnos a los grandes males que trae consigo ambicionar desmedidamente algo, una posición o un bien. El ambicioso o la ambiciosa no tiene referente moral, su conciencia se ha cauterizado y no ve ningún mal en alcanzar sus deseos.

Al estudiar la vida de Atalía nos encontramos con una pequeña dificultad, en 2º de Crónicas 22: 2 la encontramos mencionada como hija de Omri, que fue ni más ni menos que el padre de Acab, uno de los más pervertidos reyes del norte, quien se casó con Jezabel la despiadada reina e idolatra consorte que introdujo abiertamente la adoración a Baal en Israel.

Algunas versiones traducen en lugar de hija, nieta y eso la colocaría como una hija de Acab, pero las versiones hebreas se decantan por llamarla hija de Omri, con lo que queda como hermana de Acab, lo que nos ayuda a entender su carácter y conducta cuando ejecutó a todos los descendientes de su hijo y suyos.

Atalía: La ambiciosa

A. Una ambición que destruyó a su familia
B. Una ambición que la destruyó a ella misma

A. Una ambición que destruyó a su familia

Tanto el 2º de Reyes como el 2º de Crónicas nos dicen claramente que el hijo de Atalía fue Ocozías. El murió a manos de Jehú. Una vez muerte correspondía a uno de sus hijos acceder al trono, pero eso no sucedió porque se interpuso Atalía quien mató a todos los descendientes de Ocozías.

Lo que hizo fue desaparecer a todos sus nietos y familiares que pudieran tener o pretender el reino de su padre y ella se instaló como reina en Judá, el llamado reino del sur y logró gobernar por seis años, porque nunca se dio cuenta que una de las hijas de Ocozías llamada Josabet escondió a su hermano Joás y no fue aniquilado.

Para muchos tratadistas es muy probable que Atalía fuera influida o influenciada por Jezabel, que era su cuñada. Su talante autoritario y tiránico queda de manifiesto al privar de la vida a todos quienes podían aspirar al reino de Judá. No sólo mató a los hijos de su hijo, sino a todo aquel que tuviera la posibilidad de reclamar el reino.

La ambición es sumamente perjudicial tanto para quien la práctica como para quienes son dañados por ella. El problema radica esencialmente en que el ambicioso tiene una obsesión por un bien, por una persona o por algo que quiere obtener a como de lugar, sin razonar si al lograrlo hace cosas indebidas.

El ambicioso busca honor, riqueza o fama y no le interesa o importa lo que tenga que hacer para lograrlo. Puede ser por medio lícitos o ilícitos. Aunque como son deseos insanos, generalmente los alcanza o llega a ellos por medio ilegales o a través de una conducta inmoral que daña a su prójimo.

Atalía se condujo de esta manera porque quería reinar. Ansiaba y deseaba el poder que los monarcas tenían en Israel.
Fue una mujer sin escrúpulos. Pegada de sí misma. Llena de malos deseos y sobre todo entregada en cuerpo y alma a lograr sus perversos planes.

B. Una ambición que la destruyó a ella misma

En el 2º de Crónicas 23: 12-15 reseña como murió esta mujer.

12 Cuando Atalía oyó el estruendo de la gente que corría, y de los que aclamaban al rey, vino al pueblo a la casa de Jehová; 13 y mirando, vio al rey que estaba junto a su columna a la entrada, y los príncipes y los trompeteros junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra mostraba alegría, y sonaba bocinas, y los cantores con instrumentos de música dirigían la alabanza. Entonces Atalía rasgó sus vestidos, y dijo: ¡Traición! ¡Traición!

14 Pero el sacerdote Joiada mandó que salieran los jefes de centenas del ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto, y al que la siguiere, matadlo a filo de espada; porque el sacerdote había mandado que no la matasen en la casa de Jehová. 15 Ellos, pues, le echaron mano, y luego que ella hubo pasado la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, allí la mataron.

Atalía gobernó por seis años al pueblo de Israel. Ha sido la única mujer que ha gobernado ese país en la etapa de la monarquía. Pero no duró mucho, el pueblo de Israel se organizó para derrocarla porque ellos entendieron que ella de haber podido hubiera acabado para siempre con la casa de David.

Ella murió ejecutada por el ejército de Israel, no podía ser de otra forma porque el ambicioso generalmente se condena a sí mismo al dejarse llevar por sus deseos que le hacen perder la noción de la realidad. El ambicioso vive en un mundo paralelo, donde el centro de todo es lo que desea y quiere.

No se da cuenta que quienes lo rodean descubren muy fácilmente que solo quiere cumplir sus caprichos, que tiene una fijación con determinadas cosas y que es monotemático porque solo habla de lo que le gusta o apasiona y que quiere obtenerlo sin medir si está bien o mal lo que hace.

Y al no tener un referente moral, hace como le place, solo que al conducirse así irremediablemente pone en riesgo su vida porque su misma ambición lo pone en una condición peligrosa.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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