La Biblia dice en Rut 1: 19-21

19 Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es esta Noemí? 20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

21 Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Introducción

La historia de Noemí es conmovedora. Sus padres la nombraron Noemí que literalmente significa dulce o dulzura. Con ese nombre sus padres le desearon dicha, felicidad, bienestar y una vida llena de alegría para sobre ponerse a los momentos de pesar y dolor que sin duda llegarían. Nunca pensaron que su vida tocaría fondo por las tribulaciones que viviría.

Noemí se casó con Elimelec en tiempos de los jueces y formó una familia y tuvo dos hijos Quelión y Mahlón. Su vida parecía haber encontrado la dicha en la familia y al parecer se dirigía a vivir sin mayores preocupaciones asumiendo que su vida de hogar estaba completamente satisfecha.

Pero las cosas comenzaron a complicarse para la vida de todos ellos porque a Belén de Judea llegó una brutal hambruna que convirtió a esa villa en un lugar inhóspito y donde todos tuvieron que tomar decisiones. Noemí tuvo que salir de allí. Dejar familia y recuerdos porque su esposo tomó la decisión de irse.

La idea de irse de Belén era salvarse de morir, pero irónicamente de lo que tanto huían se lo encontraron en Moab. Noemí vio morir a su esposo y a sus dos hijos. Su mortificación, que comenzó con salir de Belén, alcanzó su nivel más elevado porque de pronto quedó sola en este mundo.

Su retorno a Belén lo hizo sin nada y llegó a su pueblo y no tenía nada. Lo había perdido todo. Se encontraba en este mundo como una viuda, que para esos días era un estado deplorable y socialmente condenable porque se pensaba que quien quedaba de esa forma estaba maldito.

A Noemí le dolía toda el alma. Se sentía desdichada, tenía una sola esperanza y era la de volver a Belén. Y regresó, pero retornó lastimada, dolida y muy mortificada.

Noemí: La mortificada
A. Por decisiones equivocadas de otros
B. Por quedar sola en este mundo
C. Por no poder ayudar a quienes apreciaba
D. Por haber perdido todo

A. Por decisiones equivocadas de otros

Cuando menos lo pensaba Noemí, a toda la familia llegó una gran prueba que trastocó para siempre la tranquilidad con la que habitaban en Belén de Judea. De pronto comenzó una gran hambruna y los alimentos comenzaron a escasear de tal forma que el esposo y padre de esa familia tomó la decisión de irse de su patria.

Por la lectura que podemos hacer en el primer capítulo entendemos que la decisión de irse a Moab la tomó exclusivamente Elimelec. Fue una decisión del patriarca de la familia, pero fue una decisión completamente equivocada porque Dios prohibió la relación tanto con los moabitas como con los amonitas.

Rut 1: 1 lo dice de la siguiente forma: Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.

Irse de Belén fue una determinación que no fue tomada por ella. La tomó su consorte y ella se sometió junto con sus hijos que sin saber que partían para nunca regresar a Belén, salieron huyendo de la muerte por hambre y la encontraron de otra forma. Noemí tampoco lo supo porque de haberlo sabido nunca hubiera salido de allí.

Sufrir por decisiones de otros es una de las formas en las que podemos ser mortificados, apesadumbrados y adoloridos porque nosotros no tuvimos la culpa de lo que otros planearon y ejecutaron, sin embargo somos quienes padecemos los resultados de esa clase de determinaciones.

B. Por quedarse sola en este mundo

Perder a la familia completa es devastador para cualquier persona. Si bien entre la muerte de su esposo Elimelec y sus dos hijos, pasaron unos diez años. De pronto Noemí quedó completamente sola en este mundo. Paso de ser esposa a viuda, pero con dos hijos, pero luego de la muerte de sus vástagos quedó totalmente como una viuda.

La viudez en esos tiempos era mal vista. A una mujer que no podía tener hijos se le consideraba maldita, pero a alguien que perdía a toda su familia se le consideraba un ser aborrecido por el Creador al permitir que luego de tener esposo e hijos quedar en la completa orfandad.

La soledad que experimentó Noemí fue inmensa y esa condición la mortificó grandemente porque los seres humanos fuimos diseñados para convivir con otros. No somos seres solitarios, Dios nos dio la capacidad de relacionarnos con otros.
La soledad que más pesa es aquella que perdimos abruptamente. Esa clase de vida solitaria duele en lo más profundo porque tuvimos la compañía de un esposo, unos hijos y de pronto nada. La convivencia fue cortada de tajo en la vida de Noemí que supo que nunca más abrazaría ni un hijo, ni muchos menos un nieto.

Rut 1: 3-5 relata brevemente esta desgarradora historia así:

3 Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, 4 los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. 5 Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.

C. Por no poder ayudar a quienes apreciaba

Noemí fue dañada directamente, pero en su desgracia hubo daños colaterales que sufrieron sus dos nueras: Orfa y Rut, quienes quedaron viudas también siendo muy jóvenes. Aunque ellas podrían casarse nuevamente, de todas formas la muerte de sus maridos las dejó en una situación desventajosa.

Ante esta nueva realidad para las tres, Noemí decidió regresar a su patria y se despidió de sus dos nueras. La despedida fue singular, según nos relata el libro de Rut.

11 Y Noemí respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? 12 Volveos, hijas mías, e idos; porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos,

13 ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí.

Una persona dadivosa como ella, comprensiva y piadosa con los demás se sentía abrumada ante la situación que vivían también sus nueras. Viudas jóvenes a las que no podía ayudar, a pesar de que lo necesitaban también.

Vaya que mortifica tener a alguien a quien queremos ayudar y no lo podemos hacer por nuestras limitaciones.

D. Por haber perdido todo

Si hacemos un balance de lo que perdió Noemí al salir de Belén podemos afirmar que perdió todo. Perdió su patrimonio en Belén, luego a su esposo y a sus hijos en Moab. Los bienes materiales se pueden recuperar, pero una vida de un ser amado, nunca se podrá recuperar y eso como duele, como afecta y como mortifica.
El primer capítulo del libro de Rut nos ofrece como se veía a sí misma esta mujer que sintió que la tierra se abría ante sus pies.

19 Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén; y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es esta Noemí? 20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

21 Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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