La Bibiia dice en Hechos 5: 1-2

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.

Introducción

Safira vivía en Jerusalén con su esposo llamado Ananías. Eran los primeros días de la iglesia cristiana y miles de personas se acercaban a lo que comenzaba llamarse iglesia sin saber bien a bien si era algo distinto al judaísmo puesto que todos los que se congregaban eran judíos.

Lucas, autor del libro de los Hechos, centra su relato sobre esta pareja para hacer saber a sus lectores que murieron por haber mentido al Espíritu Santo al vender una propiedad que tenían y haber sustraído del precio total y haber entregado una parte solamente para quedar bien, impresionar a los demás y parecer piadosos, pero también para quedarse con algo de ese dinero.

Los verbos “vendió”, “sustrajo” y “puso” nos muestra que la acción principal de esta falsa piedad la ejecutó Ananías, pero Safira actuó perfectamente como una cómplice porque no advirtió nada a los apóstoles sobre las verdaderas motivaciones de su esposo y aunque no participó directamente, conoció perfectamente lo que estaba haciendo su consorte.

En ocasiones, un cómplice o una cómplice se necesitan para llevar a cabo un delito. Su cooperación puede ser definitiva, aunque en ocasiones con su participación o sin ella el delito se lleva a cabo de todas maneras. Safira era esposa de Ananías y llegaron a la iglesia de Jerusalén en los momentos de mayor avivamiento de la congregación.

Aparecieron cuando la gente se desprendía de sus bienes, los vendían y todo el dinero lo ponían a los pies de los apóstoles para que sirviera para que todos los creyentes comieran o para cubrir el gasto corriente que se necesitaba para atender a una multitud de varios miles de personas.

Vieron de cerca el lugar de honor que alcanzó Bernabé y pensaron tal vez que si hacían lo mismo podrían tener un lugar importante entre los apóstoles. Aunque para ello fingieran.

El nombre de Safira quiere decir hermosa. Su historia nos muestras hasta dónde puede caer una mujer cuando pierde su compromiso con Dios y se ata a su marido en este caso y en lugar de denunciar lo que está sucediendo o la mentira que se está fabricando se une al hecho delictivo o mentiroso.

En este caso no vemos ninguna amenaza en su contra, tampoco vemos que su esposo la haya presionado para que podamos atenuar un poco su conducta; nada de eso, ella actuó por mutuo propio como quien con plena conciencia de los efectos que produce el licor se empina una botella de alguna bebida espirituosa.

Safira: La cómplice
A. Para fingir lo que no era
B. Para cubrir un mentira
C. Para no descubrir la verdad

A. Para fingir lo que no era

Que difícil resulta fingir una vida que no es lo que vivimos. Esa clase de personas intentan engañar a todos, pero resultan engañándose a sí mismas. Porque las mentiras que tratan de ocultar lo que en realidad somos tienen muy poca duración. Duran menos de lo que imaginamos.

En los días de Safira la gente de la iglesia estaba aportando de su pecunio. Lo hacía de todo corazón, movidos por la gratitud de haber recibido la salvación en Cristo Jesús. Sus motivaciones eran estrictamente espirituales y no esperaban recibir nada a cambio. Las aportaciones a la iglesia valen cuando lo hacemos por lo recibido y no por lo que se va recibir.

Ante ese panorama Ananías decide que podían vender un terreno que tenían y en lugar de dar todo el importe que obtendrían, podrían entregar una parte y la otra podían disfrutar de ella. Estaban planeando fingir. Estaban urdiendo un plan para engañar a los apóstoles y a la iglesia. Nadie les había pedido que vendieran nada.

Pero Ananías quería fingir lo que no era y Safira no lo detuvo. Safira se convirtió en una cómplice en lugar de denunciar a su marido o por lo menos hacerse a un lado de un hecho que nada bueno traería a sus vidas. No lo detuvo, no le llamó la atención, no lo reconvino o le advirtió de lo que estaba haciendo.

Ella lo podía hacer, pero no quiso porque el dinero con el que se quedaron de la venta también lo disfrutó. Su complicidad fue porque recibió beneficios para los que bastaba una vida de apariencia.

B. Para cubrir una mentira

La frase “sabiéndolo también su mujer” que escribe Lucas para precisar que lo que hizo Ananías lo conocía Safira nos muestra que esta mujer estaba participando de manera pasiva en la estratagema de su marido. Un cómplice tiene que encubrir mentiras para que quien va a cometer el delito logre su objetivo.

La complicidad nos lleva generalmente a caminos en los que tendremos que ocultar, tapar, encubrir y falsear una circunstancia con tal de que se ejecute el plan, pero debemos tener presente que no hay delito perfecto y mucho menos en la iglesia se puede ocultar por mucho tiempo un pecado. Tarde o temprano se hará del conocimiento de todos.

Safira sabía perfectamente lo que estaba haciendo su esposo. Ella fue cómplice por decisión personal y dejó a su esposo mentir y en consecuencia ella también mintió aunque no dijo nada absolutamente. La complicidad tiene esa característica. Tal vez no hiciste nada, pero sabías lo que se estaba haciendo y callaste.

Una mujer puede llegar a este punto por conveniencia, por los supuestos beneficios que obtendrá o por violencia de parte de su esposo, en este pasaje, pero eso no la exime de la responsabilidad que tiene en la comisión del mal y dependiendo de la iniquidad puede alcanzar el mismo nivel de participación.

La complicidad de Safira fue consentida, no fue obligada y eso provocó que fuera castigada de la misma forma que su esposo.

C. Para no descubrir la verdad

El relato que hace Lucas sobre esta mujer nos muestra que nunca tuvo la intención de decir la verdad de lo que en realidad había sucedido con la venta de su terreno.

En Hechos 5: 7-10 el autor de ese libro nos dice con claridad que Safira tuvo una oportunidad para salvar su vida, pero no la aprovechó.

7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.

10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.

El verso ocho es muy claro al presentar la pregunta que Pedro le hizo para intentar salvarla del destino que su esposo ya había comenzado, pero en lugar de descubrir la verdad o decir lo que habían planeado ambos, se mantuvo en la mentira y siguió con el plan que había platicado con su esposo.

La historia de Safira nos demuestra que las mujeres pueden llegar a complicidades que luego les pueden traer muchos males de los cuales, algunos son irreparables y sobre todo pueden resultar muy peligrosos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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