La Biblia dice en Génesis 38: 6

Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.

Introducción

El relato de un mujer que se viste de prostituta para seducir a su suegro a fin de tener un hijo es perturbadora e impactante y todavía más compleja si la encontramos en la Escritura, donde muchos piensan que ese tipo de historias no deberían tener lugar porque los protagonistas de esta clase de tipo de narraciones no concuerda.

La historia de Tamar nos deja un sabor agridulce cuando la leemos. Por una parte fue la madre de Fares, quien fue un ascendiente de David y por consecuencia de Cristo, pero a la vez la manera en que concibió, sí que deja grandes interrogantes que difícilmente podremos explicar sin el auxilio de la revelación divina.

Ella fue una mujer cananea, su nombre significa palmera. Se casó con dos de los hijos de Judá: Er y Onán, pero ambos murieron y cuando vio que Judá no le daba por esposo a Sela, su tercer hijo, ideó un plan, no para casarse, sino para tener un hijo. Ella deseaba un hijo y lo iba a tener a cualquier precio.

Y esa es la historia de esta mujer. Una mujer que se obstinó y que no le importó los medios para lograr sus fines. Es esa clase de mujeres que se empecinan con algo y no descansan hasta que lo ven resuelto o hasta que no obtienen lo que desean sin importar lo que tengan que hacer o dejar de hacer.

Para comprender mejor el relato de Tamar y Judá conviene situarnos en el contexto del libro de Génesis. Judá y sus hermanos habían vendido a José, había ideado decir a Jacob que su hijo había sido devorado por una bestia y como prueba de su dicho manchó de sangre la túnica que Jacob le había diseñado a su hijo.

En ese sentido, la Escritura hace un contraste entre la inmoralidad de Judá y santidad de José, al resistir a la mujer de Potifar que quería tener relaciones sexuales con él. Para que Judá cayera en esta condición fue necesaria la participación de Tamar que ideó un malévolo plan para quedar embarazada.

Podía haberse embarazado de cualquier otro hombre, pero lo hizo con su suegro. La obstinación es así. Nos vuelve tercos.
El relato de Génesis termina sin decirnos si se casó con Sela o ya no se la dieron como mujer. Muy probablemente ella ya no se casó y se quedó con los gemelos que tuvo, pero su historia nos ofrece a una mujer obstinada, tozuda y pertinaz que finalmente logró lo que quería.

Tamar: La obstinada
A. La obstinación hace perder todo recato
B. La obstinación conduce al egoísmo

A. La obstinación hace perder todo recato

Tamar planeó seducir a su suegro vistiéndose de prostituta. Ella no reparó si estaba bien o estaba mal esa decisión. La terquedad generalmente nos lleva a esa clase de terrenos donde lo valioso radica en obtener lo que queremos. No reflexionamos si el medio para conseguirlo es correcto o incorrecto.

En Génesis 38: 13-15 encontramos la transformación en el ropaje de una viuda a una prostituta.

Y fue dado aviso a Tamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas. 14 Entonces se quitó ella los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se arrebozó, y se puso a la entrada de Enaim junto al camino de Timnat; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer. 15 Y la vio Judá, y la tuvo por ramera, porque ella había cubierto su rostro.

Lo de Tamar no fue una ocurrencia o algo que nació por una idea espontánea. No. Lo de ella fue planeado, ella elaboró un minucioso plan para acercarse a Judá. Su obstinación la llevó a hacerse pasar por una ramera. A ella ya no le interesó lo que la gente pensará de ella, pero no fue tonta. Ella ideó una muy bien acabada estrategia.

Ella ya no esperó que le dieran a Sela como esposo. Ella decidió que quería tener un hijo y puso manos a la obra. El relato de Génesis nos muestra Tamar perdió el respeto por ella misma y en consecuencia extravió toda prudencia y decoro que debe tener una mujer y por supuesto también un hombre.

B. La obstinación conduce al egoísmo

El obstinado no le importa cómo se sienten los demás. Una persona obstinada persigue sus deseos y no le interesa como se sienta su semejante. Al final de cuentas lo que importa son sus objetivos y con alcanzarlos es suficiente aunque para llegar a ellos tenga que pasar por encima de todos los demás.

En Génesis 38: 24-26 encontramos lo ocurrido cuando se descubrió que Tamar estaba embarazada.

24 Sucedió que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y ciertamente está encinta a causa de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada.

25 Pero ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta. También dijo: Mira ahora de quién son estas cosas, el sello, el cordón y el báculo. 26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció.

Cuando Tamar logró su objetivo y su vida estaba en peligro, no le interesó dejar en evidencia a Judá. No le importó lo que la gente pensaría de él y de ella. Pero sobre todo no reparó en que dejaba como un pervertido a su suegro.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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