La Biblia dice en 1º Samuel 1: 1-2

Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. 2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.

Introducción

La historia de Ana es estrujante, impactante y estimulante porque quería tener hijos y no los podía tener porque había nacido estéril. Vivió en la época de los Jueces, un tiempo marcado por la confusión, la anarquía y el desorden no solo social, sino sobre todo espiritual donde la adoración a Dios sufrió graves perturbaciones.

Su vida solo la podremos entender si consideramos que le tocó vivir en un tiempo en el que los hebreos fueron olvidando poco a poco lo que la aprendieron con Moisés y Josué y vivían subyugados por algún pueblo vecino como los filisteos, los madianitas y otros más por un tiempo y luego clamaban a Dios que los perdonaba, pero luego volvían a lo mismo.

En esos días se permitía la poligamia, por eso Ana era esposa de Elcana que también tenía otra mujer llamada Penina. Nunca fue la voluntad de Dios para sus hijos vivir de esa manera, pero se fue volviendo costumbre esta clase de vida entre los judíos de esos días y hubo muchos conflictos como el que vivió Ana.

El relato que hace el libro de Samuel sobre Ana, que fue precisamente la madre del último juez de Israel y uno de los grandes profetas de Israel nos presenta a una mujer incomprendida, una mujer cuyo dolor en el mal no pudo comprender, ni otra fémina como ella, ni su propio esposo y menos el sacerdote Elí.

Esta mujer quería un hijo. No estaba a gusto con no ser madre. Era tan sencillo de comprender su problema que no se requería ninguna clase de capacidad especial o facultad de otro mundo. Ella deseaba con toda el alma abrazar un pequeño en su regazo, pero no podía porque una versión dice “Dios había cerrado su útero”.

Pero al parecer su problema no lo entendía nadie. La otra esposa de Elcana, lejos de compadecerse de ella, la irritaba, la hacía enojar y la entristecía. Una mujer debería de entender con mayor facilidad a otra mujer, pero eso no le sucedió a Ana, al contrario se burlaba de ella.

Luego su esposo en lugar de comprender el anhelo de su mujer, no alcanzaba a entender que su esposa atravesaba un momento de gran tensión emocional, pero en lugar de condescender con ella, le expresó que pues un hijo no era tan importante si ya estaba él con ella.

Finalmente, cómo si algo o alguien hiciera falta para completar el cuadro, el sacerdote Elí, quien se supone debía tener más capacidad que el esposo de Ana y otra mujer que por ser del mismo género debía actuar con mayor sororidad, también no pudo ofrecerle palabras de consuelo a esa mujer.

Y así como Ana, muchas mujeres en este mundo caminan sin encontrar alguien que las comprenda y entienda. A veces, a pesar de que son tan cercanas a ellas.

Ana: La incomprendida
A. Por otra mujer
B. Por su esposo
C. Por un sacerdote

A. Por otra mujer

La relación entre Ana y Penina, la otra mujer de Elcana, era sumamente difícil. Penina si tenía hijos con su esposo, mientras que Ana no. Esa situación la llevó a asumir una actitud equivocada porque se llenó de soberbia ante una mujer que no era la culpable de no poder tener hijos.

1º Samuel 1: 6-7 nos describe lo que sucedía entre estas dos mujeres:

Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. 7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.

Cada año, dice nuestro texto, Penina hacía enojar y llenaba de tristeza a Ana. Es probable que cada que subían a Silo a adorar al Señor esta mujer se dedicaba a mortificar a otra mujer en una expresión de lo más triste y lamentable que pasa en este mundo: la peor rival de una mujer es otra mujer.

Penina ya tenía hijos. Elcana le daba una porción a ella y a sus hijos de los sacrificios que se presentaban en el lugar de la morada de Dios. No le quitaba nada, no la privaba de ningún bien, pero ella se dedicaba a molestarla. A recordarle que no podía tener hijos. Que no era una mujer completa y muy probablemente que era una maldita.

La actitud de Penina nos deja en claro que muchas veces otra mujer que debería de tener un poco más de conciencia con otra mujer porque son del mismo sexo y sabe lo que le sucede a la otra es quien mayor daño hace. En términos lógicos una mujer debería de entender a otra mujer porque son del mismo género.

Pero Ana nunca fue comprendida por Penina. Es una pena esta historia porque las expectativas cuando una mujer se empodera es que ahora sí las mujeres tendrán una aliada, pero resulta muchas veces que esto no sucede, y en ocasiones es al contrario.
Imagínense que tal era la actitud de Penina con Ana que ésta lloraba y no comía cuando llegaban al tabernáculo de Silo.

B. Por su esposo

Elcana era el esposo de Ana. Samuel nos dice que la amaba y se lo demostraba cada vez que subía a ofrecer sacrificios porque le daba la mejor parte de la ofrenda que se ofrecía en el tabernáculo de Silo, pero cuando ella lloraba se exasperó y la interrogó abruptamente como nos dice 1º Samuel 1: 8.

Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Según la versión Reina Valera 1960 Elcana le hizo cuatro preguntas a su mujer: 1. ¿Por qué lloras? 2. ¿Por qué no comes? 3. ¿Y por qué está afligido tu corazón? Y 4. ¿No te soy yo mejor que diez hijos? En cada una de ellas uno puede apreciar que también no entendía lo que pasaba en el corazón de su mujer. No la entendía, ni la comprendía.

La ráfaga de preguntas nos hace pensar que ni siquiera la dejó contestar la primera porque muy posiblemente estaba fastidiado con ella. Le resultaba incomprensible la actitud de su esposa si él estaba con ella.

Podemos apreciar en esta situación que los esposos a veces son incapaces de entender lo que aflige a sus esposas. Es de suponerse que quien mejor conoce a una mujer es su esposo por la convivencia que hay entre ellos, por la confianza mutua y sobre todo porque en una relación matrimonial se pueden expresar los sentimientos sin esconder nada.

Pero allí tampoco Ana encontró el consuelo y comprensión que tanto anhelaba su alma porque su necesidad era profunda. Escondida para las mujeres y los hombres. Lo que para otros podía parecer soportable para ella no era así.

C. Por un sacerdote

Y cuando parecía que por fin podría encontrar comprensión en la casa de Dios, el sacerdote Elí le mostró cuando difícil encontrar en este mundo alguien que se ponga en los zapatos de otra personas para saber lo que se siente no tener ya no solo un hijo, sino tal vez un trabajo o una casa o cualquier bien escaso.

1º Samuel 1: 12-16

12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.
15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.

Si Penina no la comprendió, ni Elcana pudo entender lo que estaba viviendo, el sacerdote Elí fue todavía más irracional con ella. Al verla orar sin pronunciar palabra alguna la tuvo por una borracha y la corrió del lugar donde estaba orando.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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