La Biblia dice en Lucas 23: 55

“Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea, fueron y vieron el sepulcro, y se fijaron en cómo habían puesto el cuerpo.”

Lucas es el único evangelista que da detalles sobre las mujeres que acompañaron el ministerio de Cristo y estuvieron en la crucifixión cuando todos los apóstoles habían huido e incluso estuvieron presentes cuando el cuerpo del Señor fue llevado al sepulcro que José de Arimatea había ofrecido para servir como tumba de Jesús. 

Además de mencionar, por ejemplo, el conflicto entre María y Martha, las hermanas de Lázaro, es el médico amado el que nos precisa que María Magdalena, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes y Susana y otras muchas que le servían con sus bienes, iban con él a algunos lugares a donde llevaba la palabra de Dios. 

Sin embargo, Lucas resalta la presencia de las mujeres tanto en la crucifixión como en la resurrección de Jesús, justo cuando sus seguidores varones habían huido por miedo a que los relacionaran con Cristo y se habían encerrado en un lugar donde nadie los pudiera encontrar para identificarlos. Con excepción de Juan, los demás tuvieron mucho miedo y se escondieron.

Pero ellas si estuvieron allí. Cuando se les necesitaba, cuando María la madre de Jesús requería del apoyo para soportar la ejecución de Jesús ellas cumplieron a cabalidad y fueron empáticas con el dolor de María, lo que nos revela grandes verdades para la vida cristiana y en particular revela el trato afable que el Señor tuvo con todas las mujeres. 

La pecadora que iba a ser apedreada, la samaritana, la madre de los hijos de Zebedeo, la madre con una hija atormentada por un demonio y muchas otras más recibieron de Cristo una atención especial que les hizo seguirlo hasta el último momento sin doblegarse frente al peligro que implicaba ser sus simpatizantes. 

Y allí es donde reside el valor de estas mujeres que hicieron de su fe algo más que un concepto intelectual, sino que abrieron su corazón y se convirtieron en seguidoras de tiempo completo, sin importar si su vida estaba en riesgo o si corrían peligro por manifestar su absoluto dolor por lo que Jesús estaba padeciendo. 

Fueron mujeres valientes cuando se necesitaba valor. Esa valentía les llevó a acompañar a Jesús en los momentos de mayor dolor. Fueron ejemplo para todos los seguidores del Señor para comprender que el amor se demuestra cuando todos voltean a otro lado y seguir en la causa a pesar de que todo parezca salir mal.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario