La Biblia dice en Hebreos 1:

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. 5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo? 6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. 7 Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. 8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. 10 Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura, 12 y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán. 13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

Introducción

La encarnación de Cristo constituye uno de los pilares básicos de la fe cristiana. Jesús fue verdadero hombre, dice el credo de los apóstoles para subrayar su humanidad, que es básica y esencial para llevar bajo sus hombros la salvación y redención de los seres humanos en este mundo.

En diversos pasajes y en diferentes libros la humanidad de Cristo se subraya, se reafirma y se realza porque los autores tanto del Antiguo como Nuevo Testamento pensaron y se refirieron siempre a un hombre que irrumpiría en la historia de Israel con las credenciales del Mesías para liberar a los oprimidos.

Durante el mes de diciembre nos acercaremos a la encarnación de Cristo a través del primer capítulo de la Carta a los Hebreos. La razón por la que reflexionaremos en ese pasaje reside en que el autor de la epístola escribe precisamente para enseñarle a los creyentes de origen judíos que estaban en la iglesia la enorme grandeza de la obra de Cristo.

Y al comienzo de su escrito lo presente como el Hijo de Dios, en relación estrecha con el Padre. Comienza así su escrito, el autor de esa obra, para posteriormente señalar con claridad y toda clase de argumentos que Cristo es superior a Moisés, al sacerdocio hebreo y nada es comparable con él.

A lo largo de las siguiente semanas nos adentraremos a este inspirador pasaje de la Escritura que nos ayuda a entender y asimilar que la encarnación de Cristo fue un milagro mediante el cual Dios se presentó a toda la humanidad para revelar sus planes, para mostrar su infinito amor, pero sobre todo para mostrar su inconfundible poder.

El autor de la Carta a los Hebreos, por cierto desconocido, pero con gran conocimiento del Antiguo Testamento y una dirección poderosa del Espíritu Santo parte de una verdad fundamental en el cristianismo: Jesús es la revelación final o última del Creador. Dios habló muchas veces y de muchas maneras, dice, pero ahora nos ha hablado por el Hijo, declara.

Y a partir de esta verdad construye la afirmación de la naturaleza del Hijo de Dios. Nos enseña de esa manera que la encarnación del Hijo de Dios es importante porque de esa manera Dios se comunica con el hombre de manera directa, sin intermediarios, con la firme determinación de que el mensaje sea claro y preciso.

Toda la epístola es un escrito para mostrar la superioridad del Hijo de Dios y el primer capítulo presenta al Hijo de Dios como superior a los ángeles con verdades que hacen ver que Jesús es un ser humano que vino a este mundo a revelarnos al Padre.
Dependiendo de la versión que se use, en el capítulo uno de la carta encontramos citadas en varias ocasiones la palabra Hijo. Por ejemplo en la versión Reina Valera 1960 es citada en cuatro ocasiones, en la versión la Biblia de América, aparece seis veces. La razón estriba en el término primogénito que algunas versiones optan por traducir como hijo.

Este énfasis o el reiterado uso de la expresión nos deja en claro que el autor de la epístola busca que sus lectores asocien a Jesús como el Hijo de Dios, un frase o verdad que fue la que llevó a Jesús a la muerte porque los judíos que lo acusaron y condenaron, entendían que esta afirmación, llamarse Hijo de Dios, lo hacía igual a Dios.

La Carta a los Hebreos no solo reafirma esta verdad, sino que presenta con argumentos basados en la Escritura, que cita con gran dominio y con otra particularidad que hace interesante su escrito. Hay seis citas del Antiguo Testamento en los catorce versículos que tiene el primer capítulo.

De esas seis citas, cinco son del libro de los Salmos y una es tomada del Segundo Libro de Samuel 7: 14 que es la misma del Primer Libro de las Crónicas 17: 13, lo que nos muestra la relevancia del libro de los Salmos con respecto al Nuevo Testamento. Según tratadistas del Nuevo Testamento en sus veintisiete libros aparecen cuatrocientas citas del Antiguo Testamento y trescientas de ellas son de los salmos.

De esta manera este capítulo nos remonta o nos lleva al libro de los Salmos que se convierte de esta manera en uno de los libros de apoyo o referente para mostrarnos que la humanidad de Cristo era un plan perfectamente delineado por Dios, pero los judíos no lograron comprenderlo.

Basado en esos datos, el primer capítulo de la epístola nos lleva a considerar al Hijo de Dios como al revelación final o definitiva del Señor con verdades que analizaremos y meditaremos en estas fechas en las que la encarnación de Cristo se recuerda en todo el mundo a través de la navidad cristiana.

La temporada nos puede resultar muy útil y provechosa, pero también edificante y enriquecedora si nos acercamos a ese milagro ocurrido en un sencillo y modesto pesebre, pero con resultados o repercusiones sumamente valiosas para la vida de quienes con humildad se detienen un momento y con el corazón meditan en los alcances de ese hecho.

Algunas verdades que encontramos en los versos de este capítulo son que el Hijo de Dios es la revelación final y definitiva del Señor, es el único heredero del Padre, es la causa, origen o razón de todo el universo, además es quien sustenta o sostiene todas las cosas creadas no solo en el mundo, sino en todo el universo.

El Hijo es también igual con el Padre al estar sentado a la diestra del Padre, tiene también excelente título, goza de una relación estrecha con el Padre, es adorado por los ángeles, gobierna con justicia, es eterno y reina en todo el mundo y universo entero.
El mensaje que Dios envió a la humanidad completa cuando su Hijo nació en ese paupérrimo establo de Belén es que allí estaba un ser humanamente débil, pero divinamente poderoso y como primera prueba de ello es que los ángeles estuvieron a su servicio dirigiendo, convocando y adorándole ellos mismos.

La encarnación de Cristo es una expresión que lo aparentemente débil o sin fuerza es más poderoso de lo que imaginamos. Ninguno de los que fueron testigos esa noche lograron comprender en su totalidad que estaban frente a un suceso sobrenatural y poderoso porque Dios mismo arribo a la tierra.

La encarnación la celebramos, claro, la recordamos, por supuesto, pero no solo para convivir o para usarla como pretexto para comer y beber, sino como sinónimo de que Dios habla y sigue hablando a los seres humanos a través de la persona de Cristo. Dios jamás renunció ni renunciará para llamar a hombres y mujeres para que escuchen su voz.

Y para ello nos envió a su Hijo, su revelación completa, única, irrepetible y definitiva para que en su persona podamos encontrar y localizar las verdades que tanto anhela nuestro corazón.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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