La Biblia dice en Proverbios 22:6

“Dale buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará.”

La versión de la Biblia Reina Valera 1960 traduce este verso así: “Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él”. La palabra “instruye” que la versión Dios Habla Hoy traduce como “dale buena educación” procede de una raíz hebrea que se traduce como “entrena” y esa expresión mejora sustancialmente nuestra compresión.

Los niños llegan a este mundo y es necesario entrenarlos. Para mejor comprender el significado de este texto es necesario acercarnos al ámbito deportivo. Todos los deportes requieren de manera inevitable que los jugadores o participantes entrenen. No hay forma de prescindir de esa actividad que puede llevar años y años.

A Usain Bolt, máximo medallista olímpico de los tiempos modernos y uno de los corredores más veloces en los cien metros planos se le atribuye la siguiente frase: “Tengo que entrenar cuatro años para una competencia que dura menos de 10 segundos”. Practicar y practicar es fundamental para ganar, entonces.

Otro medallista olímpico, el norteamericano Michael Phelps, solía responder cuando se le interrogaba sobre el tiempo que pasaba practicando en la alberca, decía que en realidad vivía en el agua. Eso le permitió ganar ocho medallas en las olimpiadas de Pekín en el 2008 asombrando al mundo al convertirse en el primer nadador en ganar tantas preseas.

Salomón dice que a los niños se les debe entrenar en el camino de Dios, es decir tienen que practicar una y otra vez, se pueden equivocar, pero se les debe corregir, sabiendo y entendiendo que están entrenando. Sin embargo esa es la preparación para la vida, para lo que serán en su adultez.

Los niños son seres delicados que necesitan paciencia, que requieren de un maestro, que los dirija en el camino del Señor, al entrenarlos en esa materia está garantizado para siempre su permanencia en la senda del Creador, que los hará hombres de bien y les ayudará a alcanzar la satisfacción que viene de servir a Dios.

Los niños requieren entrenadores y un entrenador generalmente es una persona experimentada que ha pasado años y años en una actividad deportiva, siguiendo el ejemplo de la actividad física, y eso hará que les enseñen y conduzcan no solo en el conocimiento, sino sobre todo en la experiencia y la práctica.

Un niño sin entrenamiento en lo divino, será un ser que en la vida adulta no sabrá como lidiar con los desafíos que trae la existencia humana sobre esta tierra. Los adultos son los responsables de los niños y su formación. Nadie se puede quejar de lo que un hombre es en su vida adulta si nunca miró por su infancia para entrenarlo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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