La Biblia dice en Job 9:35

“Entonces hablaré, y no le temeré; porque en este estado no estoy en mí.”

La versión Reina Valera 1960 registra nueve preguntas en el capítulo nueve. Cinco de ellas, en los versos cuatro, doce, diecinueve y veinticuatro sirven para buscar a una persona. Job le responde a Bildad con la interrogante ¿Quién? Para hacerle ver que no hay nadie que pueda comprender la grandeza de Dios y mucho menos sus obras.

Como discutir con Dios “que remueve la tierra de su lugar y hace temblar sus columnas (una clara referencia a los sismos), que ordena al sol que no salga y encierra con un candado a las estrellas, que extiende los cielos y camina sobra las olas del mar, que da forma a la Osa y al Orión, a las Pléyades y a las constelaciones del sur”.

Quién se puede plantar ante el Creador y formular defensa alguna ante las cotrariedaades que viene la vida del ser humano, si Dios es infinito, eterno, que habita en la luz inaccesible a los hombres. Nadie. Como tampoco nadie le puede obligar a restituir y mucho menos puede manifestarle: ¿qué estas haciendo?.

Job plasma los sentimientos que esta viviendo en medio de su tormento que lo hacen considerar que su vida corre como la de un atleta veloz, que escapa sin ver la felicidad, así transcurren los días de un hombre afligido, tocado por la calamidad y sancionado por la mano poderosa de Dios.

El patriarca se siente en un juicio ante de Dios. Un juicio que a todas luces está perdido porque nadie es inocente ante Dios, la maldad la traemos en nuestro corazón y Dios la conoce y por eso expresa las palabras del verso que hoy meditamos. Él tiene miedo de su culpabilidad, aunque Dios no veía así a Job. Lo veía como un hombre recto, justo.

Pero Job pronuncia unas palabras que bien pueden definir lo que nos sucede a todos cuando sufrimos grandemente por una perdida de un ser querido o padecemos una grave enfermedad: “no estoy en mí”. En otras palabras, el paciente varón está diciendo que en esos momentos no era él.

La tragedia tiene esa particularidad, hace que por momentos perdamos el sentido de la realidad y cuando no podemos con ella hace que perdamos la cordura. El dolor puede llegar a ser tan intenso que de pronto a nuestra vida llegan pensamientos que antes ni siquiera teníamos.

Job no estaba en él, como muchos de los que sufren grandemente no están en ellos y por eso debemos elevar una plegaria por ellos y respetar su dolor porque jamás sabremos el origen del mismo.

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