La Biblia dice 2ª Pedro 2: 9-11

Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; 10 y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 11 mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.

Introducción

Los falsos maestros viven en un mundo alterno. No viven la realidad. En búsqueda de notoriedad se presentan como los únicos capaces de derrotar las fuerzas de oscuridad, aun cuando viven en sus deseos e inclinaciones malignas, pero necesitan siempre doctrinas exóticas que impresionen a sus seguidores.

Un falso maestro se adentra, según nos muestra Pedro, a temas y terrenos en los que ni los propios ángeles del Señor tocan o pisan. Pedro nos revela cómo es que estos hombres llegan hasta las potestades superiores, que algunas traducciones vierten como poderes superiores, ángeles caídos.

La frase irremediablemente nos lleva a la carta de Judas que en los versos ocho al diez que dice de la siguiente manera:

No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. 9 Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. 10 Pero estos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.

Se trata, pues, de una especie de doctrina, sobre espíritus demoniacos en los que estos falsos maestros presumían su autoridad, lo que evidentemente era un engaño o una apariencia para apantallar a sus seguidores, cuando en realidad esta clase de lucha se hace de otra manera según nos explica Judas.

Evidentemente Pedro se refiere a la lucha espiritual que los creyentes libran y que él conocía perfectamente, pues Cristo le dijo que Satanás había pedido su vida, pero Jesús había rogado por él para librar ese trance.

No se sorprendan: Los cristianos también se equivocan

Porque desatienden que Dios reserva su castigo
A. A quienes siguen sus deseos
B. A quienes insultan a los poderes superiores

A. A quienes siguen sus deseos

Pedro no quita el dedo del renglón y luego de ejemplificar el destino de los falsos maestros con los ángeles caídos, la generación antidiluviana y Sodoma y Gomorra, nuevamente subraya el castigo que estos estafadores espirituales tendrán por su felonía y osadía de vender el gratuito evangelio de Jesucristo.

Se trata de desnudar su naturaleza y condición, de presentarlos tal cual son sin ninguna clase de miramientos porque no los merecen y porque a ellos nunca los moverá un genuino interés por las almas de los perdidos, sino su vocación será permanentemente el aspecto económico.

Pedro comienza recordando una verdad que aligera nuestra carga en este tema tan delicado: Dios siempre preservar, guarda, protege y evita que se pierdan los piadosos. Dios de ningún modo se desentiende de su lucha como lo hizo con Lot, como lo hizo con Noé y como lo hizo con el propio Pedro.

No así con los injustos a los que reserva para ser castigados. A los malos los retiene para recibir su pago por su nefanda conducta. No los suelta ni los deja porque es necesario reprenderlos y sancionarlos debido a su justicia.

En el verso diez encontramos las siguientes características de los falsos maestros por los que van a ser castigados.

  1. Siguen la carne
  2. Andan en concupiscencia
  3. Andan en inmundicia
  4. Desprecian el señorío.

Las tres primeras características de ellos nos ofrecen su condición moral y espiritual. Viven atados a la vieja naturaleza. La palabra carne en este pasaje se refiere al dominio que ejerce sobre ellos su vieja naturaleza. Están sometidos a su caída condición pecaminosa, lo que los lleva a la concupiscencia o deseos irrefrenables.

Y a su vez estos deseos irrefrenables lo llevan a vivir de una manera sucia moralmente ante el Señor.

Sin embargo, Pedro se detiene para hablarnos de uno de los grandes males de estos hombres y es justamente sus enseñanzas sobre el mundo espiritual. Ese mundo que siempre despierta interés y curiosidad y que algunos llaman las profundidades de Satanás como lo explica Juan en su libro de Apocalipsis.

B. A quienes insultan a los poderes superiores

En los versos diez y once, Pedro dice lo siguiente:

Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 11 mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.

Este pasaje tiene traducciones diferentes. Algunas versiones presentan el texto así:

Sin embargo, los ángeles, aunque son más poderosos que esos falsos maestros, no se atreven a insultarlos delante de Dios. Traducción al Lenguaje Actual.

Los ángeles, en cambio, aunque son mayores en fuerza y en poder, no se atreven a insultarlos ni a condenarlos delante del Señor. Reina Valera Actualizada.

Los falsos maestros se atribuyen autoridad sin tenerla. Los falsos maestros se introducen en temas que están vedados para ellos porque los desconocen.

Eso hace que Pedro los llame atrevidos u osados y contumaces, es decir, se acercan a un aspecto de la vida espiritual sin el debido cuidado, pero como lo requieren para aparentar conocimiento y dominio de un aspecto de la vida espiritual que es muy atrayente y que hace ganar muchos adeptos.

Pero la realidad es que ese terreno es delicado. Tan delicado que ni los propios ángeles del Señor que tiene delegada autoridad de parte del Señor se atreven a proferir juicios de maldición contra las potestades superiores que no son otra cosa que el mundo demoniaco presente en este mundo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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