La Biblia dice en 2ª Pedro 1:8-9

Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

Introducción

La ociosidad física empobrece, pero la ociosidad espiritual destruye la vida del creyente. En el tejado de su palacio, el rey David que debía estar en campaña militar, vio a Betsabé bañándose y el resto de la historia todos las conocemos.

Pedro después de haber señalado que a la fe hay que agregar virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor nos precisa que si esto no se hace el creyente caerá en la ociosidad espiritual, es decir vivirá sin fruto, vivirá en ceguera espiritual y olvidará de donde lo sacó el Señor.

Las equivocaciones llegan a la vida del creyente como resultado de un proceso de descuido y negligencia para atender sus responsabilidades espirituales que el Señor le ha encomendado porque la vida cristiana jamás se tratará de creer y cruzarnos de brazos, sino de acción, esfuerzo y dedicación.

Pedro nos revela de lo que acontece en la vida de los discípulos cuando dejan de esforzarse y se dedican exclusivamente a vivir sin congregarse en la iglesia, cuando dejan de orar y cuando dejan de acercarse a la Escritura para aprender los mandamientos y ordenanzas que Jesús nos dejó.

Y los grandes yerros ocurren justamente cuando se descuida el estudio concienzudo y disciplinado de la revelación divina, se hace a un lado la comunión con Cristo para que nos dirija a través de su Espíritu Santo y empezamos a dejarnos llevar por lo que dicta nuestra cultura secular.

Pedro se encontraba en un mundo lleno de iniquidad, sabía perfectamente que la iglesia vivía momentos de gran presión social y que los líderes y miembros de las congregaciones debían poner un “extra” en su vida espiritual para cuidar de ellos y de la doctrina que Jesús les encargó.

El apóstol lanza una seria advertencia a la iglesia o nos esforzamos o caemos en la pereza espiritual que inevitablemente nos llevará a la ociosidad espiritual que tantos males ha causado a lo largo de la historia.

No se sorprendan: Los cristianos también se equivocan

Porque la ociosidad espiritual es perjudicial
A. Provoca en los creyentes vivir sin fruto
B. Provoca ceguera espiritual
C. Provoca olvido de antiguos pecados

A. Provoca en los creyentes vivir sin fruto

Un creyente debe dar fruto. Jesús dijo claramente que a sus seguidores se les podría identificar fácilmente por sus frutos, es decir por sus acciones. Una persona regenerada por Cristo invariablemente tendrá una vida llena de productividad desde el punto de vista material y por supuesto espiritual.

Hablemos en primer término de algo que la Biblia enseña de manera categórica y reiterada. Las personas deben trabajar. En el huerto del Edén, Adán con todo y que tenía todo a la mano porque Dios había creado todo árbol con fruto debía trabajar cuidando el lugar que Dios le había dado.

Ese principio se replica en la vida espiritual. El creyente ha de trabajar en su carácter para modificarlo y ajustarlo a lo que Dios pide. Se debe trabajar en aspectos básicos como la ira, la envidia, la ingratitud, la impaciencia y si una persona es iracunda debe dejar esa actitud o si es envidiosa debe aprender a alegrarse con los triunfos de los demás.

Ni que decir de la avaricia y convertirse en una persona dadivosa y de igual modo debe volverse respetuosa de su semejante de esta manera estará dando un gran paso en su vida espiritual porque comenzará a dar fruto, todo ello sin contar que será alguien que comparte su fe con otros.

B. Provoca ceguera espiritual

La primera parte del verso nueve de nuestro estudio dice de la siguiente manera: Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego. La versión de la Biblia de la iglesia en América traduce este verso así: “Quien no tiene estas cosas es un miope que apenas ve”, que nos permite entender que una persona que no se esfuerza en su fe y se vuelve ociosa, se vuelve ciega.

Los ciegos espirituales son grandemente reprendidos en la Biblia. El caso más emblemático es el de la iglesia Laodicea que nos presenta el libro de Apocalipsis. Esa iglesia altiva y engreída se sentía rica y poderosa, pero en realidad era ciega y fue reprendida duramente por Cristo.

Un creyente que cae en la pereza espiritual automáticamente deja de mirar en todos los aspectos espirituales: deja de compadecerse de los necesitados, deja de apreciar las obras que Dios ha hecho y deja de vivir para Cristo y comienza a vivir exclusivamente para sus sentidos y gustos.

C. Provoca olvido de antiguos pecados

La segunda parte de nuestro texto de estudio dice de la siguiente forma: “habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.” Una frase muy elocuente para saber que sucede cuando un creyente se entrega al ocioso y descuida su vida espiritual, al perder de vista completamente de donde lo sacó Dios.

Viene el olvido una de las grandes tragedias de los creyentes de todos los tiempos porque dejan de recordar lo que Dios hizo por ello cuando los liberó del pecado y entonces dejan de ver el mal como lo veían cuando recién fueron rescatados de las garras de la maldad y lo que antes estaba mal ahora parece bien.

Cristo dio su vida para limpiarnos de nuestros pecados. El justo por injusto, el bueno por los malos, el santo por los malvados eso nunca debemos olvidarlo porque nos ayuda siempre a vivir de acuerdo a sus enseñanzas y nos aparta de todo aquello que nos vuelve perezosos en la vida cristiana.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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