La Biblia dice en 1ª Pedro 5:11

A Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Introducción

El texto en griego de este verso solo dice: A él sea el poder para siempre. Así sea. Como lo traduce la versión Dios Habla Hoy, así como lo hace también la Nueva Versión Internacional. La razón por la que la versión Reina Valera 1960 agrega gloria es porque el contexto de las expresiones le permiten traducir-interpretar que Dios merece toda la gloria.

Algunas versiones prefieren traducir como dominio, la palabra griega “Kratos” que es la que aparece en los manuscritos originales y el versículo queda de la siguiente manera: “Suyo es el dominio por los siglos de los siglos. Amén.” Lo que nos lleva a reflexionar sobre el sentido de la expresión “Kratos” para saber que significa darle al Señor el poder o el dominio.

Pedro sabe que una de las grandes luchas que vivimos en el tiempo de la aflicción es reconocer que Dios sigue siendo grande, que no cambia, que su poder es exactamente el mismo y que si bien nuestras circunstancia son francamente adversas, él no cambia, ni cambiará.

Allí radica la importancia de entender el llamado petrino que encontramos al final de su primera carta. Una exhortación a no perder de vista que Dios siempre tiene el control de las circunstancias, que no nos abandona, aun cuando nuestra mente nos hace creer que se ha olvidado de nosotros.

Definitivamente es una manera de hacernos ver que frente a los poderes humanos, el poder de Dios es más alto, más sublime, más grande y que si bien en ocasiones el dominio humano parece absoluto, en realidad es solo una apariencia porque por encima de la humanidad siempre gobierna el Creador.

El dominio de Dios o su poder, es atemporal, es decir desde siempre y para siempre. Los seres humanos vivimos confinados a nuestro tiempo y Pedro nos lleva a pensar seriamente sobre el pasado, presente y futuro en el que Dios ha estado, está y estará siempre presente gobernando su creación.

Al invitarnos a darle el poder o el dominio es recordar que su gobierno debe comenzar desde nuestras vidas porque aunque nosotros no lo reconozcamos o nos percatemos de su control sobre todas las cosas, él sigue siendo soberano.

Pedro concluye su primera carta con una alabanza a Dios.

No se sorprendan: Los cristianos también sufren
En medio de los padecimientos debemos exaltar a Dios
A. Tribútale el poder
B. Tribútale siempre

La palabra Kratos tiene diferentes traducciones en la Biblia Reina Valera 1960. Se traduce como poder, dominio, fuerza, grandeza, hecho con poder o hecho poderoso y poderoso. Generalmente se utiliza para referirse a la forma en que Dios opera. Por ejemplo en Lucas 1: 51 se usa como “hizo proezas con su brazo” que recita Elisabet.

El uso de la palabra era muy conocido por los cristianos del primer siglo porque Kratos era un dios de la mitología griega al que el imaginario colectivo representaba como un ser poderoso, vigoroso y sobre todo invencible. De hecho era hermano, según la mitología de nike (diosa de la victoria), zelos (dios de la rivalidad) y Bío (diosa de la violencia).

La palabra designa, entonces, un concepto familiar para los cristianos del primer siglo, pero distante para nosotros que no conocemos de la cultura griega, pero que gracias a la palabra de Dios podemos acercarnos tanto ese pueblo como a la filología, es decir al origen de las palabras.

Pedro nos lleva a pensar que Dios tiene el poder, el dominio, la fuerza, el vigor y el dominio o control de todo. La palabra griega que el verso de la Reina Valera traduce como a él es la expresión “auto” cuya mejor traducción sería suyo porque quiere decir propio o uno mismo. La palabra auto se utiliza por ejemplo en las palabras auto-servicio o automático.

Esas expresiones tienen que ver con hacer las cosas por sí mismo y por eso cuando Pedro dice que suyo es el poder o dominio, o suyo es el Kratos, lo que quiere decir es que Dios posee o es dueño absoluto del dominio en este mundo, una verdad que nos debe apaciguar cuando sufrimos porque pensamos que el Señor ha perdido el control.

Esta doxología o alabanza, exaltación o glorificación nos lleva a reconocer y admitir y recordar que Dios tiene el dominio. Que en medio del dolor y sufrimiento jamás deja de tener el control, que no debemos dejarnos abatir por la idea de que todo está perdido cuando padecemos.

Pedro quiere que en esos momentos alcemos nuestra voz y declaremos que de Dios es el poder por los siglos de los siglos.

A. Tribútale poder

Reconocer el poder de Dios o su dominio va a ser muy útil para todos cuando atravesamos momentos o tiempos de gran dolor. Esa idea o principio es reconfortante porque nos hace ver las circunstancias desde una perspectiva diferente. De hecho cuando vemos el dolor desde el punto de vista exclusivamente humano, nos hundimos en la desesperación.

Pero verlo desde la óptica celestial, donde Dios tiene todo perfectamente acotado nos cambia la vida misma en cualquier situación porque nos permite mirar a través de sus ojos lo que él está haciendo y sobre todo nos auxilia para descansar en la soberanía de Dios, una realidad que solo puede comprenderse cuando le adoramos con todo el corazón.

Cuando un accidente, una enfermedad, la escasez o la propia muerte se plantan frente a nosotros para desalentarnos debemos recordar siempre que Dios jamás deja de tener el control y que siempre sabe lo que hace, aun cuando las circunstancias nos hagan pensar que no hay esperanza.

B. Tribútale siempre

Es interesante la frase que Pedro nos deja cuando nos dice “por los siglos de los siglos”. Mirar a través del pasado lo que Dios ha hecho nos deja con un grato sabor de boca porque a José luego de todos sus sufrimientos lo encumbró, a Rahab de ser una prostituta, la incluyó en la genealogía de Jesús.

Volver nuestros ojos a la historia nos hace entender claramente que Dios dirige perfectamente la historia de la humanidad y siempre ha hecho lo que quiere y ha llevado a hacer su voluntad hasta personas que ni siquiera se imaginaron que estaban prestándole un servicio a Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario