La Biblia dice en 1ª Pedro 2: 9-10

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Introducción

Cuando el sufrimiento llega fuertemente a nuestras vidas perdemos varias cosas: la primera es nuestra identidad. Pensamos que no valemos nada porque la vida nos está maltratando duramente. Pero también perdemos la razón de nuestra existencia porquel el dolor es tan intenso y sin tregua que creemos que todo ha acabado para nosotros.

El apóstol Pedro les escribe a los cristianos del primer siglo para abordar ambas temáticas: identidad y propósito. El sufrimiento es parte de la vida misma y no la debe detener porque anclarnos en los padecimientos ni los detendrá como tampoco acabará con ellos, al contrario los hará más intensos.

Pedro les recuerda a sus lectores y nos recuerda a nosotros lo que somos ahora por la gracia de Cristo y de paso nos recuerda lo que antes de venir a los pies de Jesús éramos en este mundo a fin de que tomemos ánimo y no perdamos de vista que Dios sabe y conoce lo que estamos viviendo.

La experiencia cristiana en medio del sufrimiento no cambia absolutamente nada de nuestra condición. No nos hace menos de ningún modo. La idea que muchos tienen sobre el sufrimiento es que es el resultado de alguna situación pecaminosa, pero en ese caso en cuanto pedimos perdón y enmendamos, Dios nos perdona.

Pero cuando el sufrimiento es un instrumento de prueba entonces debemos armarnos con el pensamiento que Pedro nos ofrece en estos dos versos que hoy meditaremos para que no nos quedemos con la idea equivocada que Dios ha cambiado su trato para con nosotros porque eso es una percepción errónea.

De esa forma en medio de la adversidad podremos dar a conocer las virtudes de Cristo a quienes nos ven padeciendo. Podremos de esa manera arrojar luz a sus vidas y no confusión o rechazo al mensaje de salvación.

No se sorprendan: Los cristianos también sufren

Para que anuncien las virtudes de Cristo
A. Por su identidad
B. Porque el pasado ha quedado atrás

La palabra “virtud” la utilizan Pablo y Pedro en sus cartas. Pablo la usa en Filipenses 4: 8 cuando dice: …si hay virtud alguna, en esto pensad.” Y Pedro la utiliza en su primera y segunda cartas. En total se utiliza cinco veces. Una por Pablo y cuatro veces por Simón Pedro. Procede de la raíz griega “arete”.

Esa palabra es justamente la misma que se utiliza para mencionar las prendas que las mujeres utilizan en sus oídos para adornar su vestimenta y ese uso es el que nos permite decir que la palabra “virtud” es en sentido algo que embellece o resalta el arreglo de una persona.

En el sentido moral la palabra virtud nos lleva a considerar una cualidad que resalta grandemente la personalidad de alguien. Por ejemplo la honestidad hace que una persona resalte o se distinga de las demás que son deshonestas. La virtud es una especie de adorno que embellece o resalta gratamente algo o alguien.

La iglesia católico unió las tres virtudes teologales que son la fe, la esperanza y el amor con cuatro más que son: fortaleza, justicia, templanza y prudencia, sin embargo cuando Pedro escribe su carta tiene la intención de resaltar las virtudes de Cristo durante su sufrimiento narrado por los evangelistas.

En ese sentido podemos encontrar la resignación o conformidad con ese trance. También la esperanza de que ese paso era necesario para alcanzar la gloria. La compasión hacia quienes los estaban torturando y llevando a la muerte. La paciencia para aceptar el peso del pecado sobre su existencia. Y muchas otras.

Para lograr ese desafío los creyentes deben tener presente en primer lugar lo que son como hijos de Dios.

A. Por su identidad

El verso nueve nos ofrece cuatro definiciones de lo que es el creyente o de lo que la iglesia constituye en este mundo:

  1. Linaje escogido

En los tiempos de Pedro el linaje era fundamental para entender la sociedad. Los romanos dividian socialmente a los habitantes en tres grandes estratos: los patricios, descendientes de los fundadores de Roma, los plebeyos y los esclavos.

Los plebeyos si bien tenían la condición de ciudadanos no podían aspirar a gobernar. Si tenían esa clase de proyectos debían casarse con un patricio para poder gobernar a Roma. Los esclavos eran seres sin ninguna clase de derechos y vivían exclusivamente para servir a los patricios y plebeyos.

Cuando Pedro escribe a los creyentes que son linaje escogido les está diciendo que ellos pertencen a algo superior a lo que las clases sociales romanas establecían como categorías para bien vivir.

  1. Real sacerdocio

En el estudio anterior revisamos la nueva condición del creyente al convertirse en un sacerdote que ofrece sacrificios aceptos ante el Señor, ahora Pedro agrega que ese sacerdocio no es cualquier clase de actividad, sino tiene la categoría de ser real, es decir de pertenecer al Rey.

El creyente participa de un privilegio sumamente grande porque no oficia para cualquier clase de ser, sino para el Rey del universo. No es una labor dirigida a los hombres sino al Monarca de todo el mundo y de allí no solo su responsabilidad, sino, sobre todo, su privilegio.

  1. Nación santa

Los creyentes conforman un nación. La palabra nación que usa Pedro es en el griego “etnos” de donde procede el término “etnia”. Una etnia es un grupo de personas con un lenguaje propio, un territorio y una cultura propia. En el caso de la iglesia se trata de una etnia santa, escogida, apartada para el propósito de servir a Dios.

  1. Un pueblo adquirido por Dios

El creyente fue comprado. Se pagó un precio por todos nosotros. Un precio del Pedro ya nos ha hablado en versos anteriores: la sangre preciosa de Cristo fue el costo para que cada uno de nosotros alcanzara la salvación y nos convirtiéramos en personas redimidas para el Salvador.

El verso diez de nuestro estudio dice de la siguiente manera: 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Antes ni éramos pueblo, ni habíamos alcanzado misericordia. En otras palabras estabamos completamente distantes de Dios. Pedro resalta nuestra condición lejos de la presencia de Dios y nos remite a lo que ahora tenemos o a lo que ahora pertenecemos y tenemos.

Ahora somos pueblo y con ello todos los privilegios y responsabilidades. Pertenecer a un pueblo tiene sus ventajas porque somos acuerpados o somos respaldados por un gobierno o poder, en este caso por el gobierno más poderoso que es de los cielos al que hemos sido convocados.

Y sobre todo nos recuerda como vivíamos antes sin alcanzar el perdón de Dios. Pero ahora tenemos la compasión divina sobre nosotros.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario