La Biblia dice en Números 27: 16

“Dios y Señor, tú que das la vida a todos los hombres, nombra un jefe que se ponga al frente de tu pueblo.”

Cuando Dios le anunció a Moisés que no entraría a la tierra prometida, sino que dormiría con sus hermanos, de inmediato le pidió a Dios que pusiera al frente del pueblo de Israel a un líder que los dirigiera, pues aun no habían entrado a poseer la tierra prometida que Dios les había anunciado. 

El legislador de Israel se dio cuenta que la nación hebrea necesitaba un dirigente que pudiera conducirlo para concluir la primera etapa del plan que el Señor tenía para ellos: ingresar a la tierra en la que fluía leche y miel. Aunque le costó trabajo aceptar la determinación divina de no pisar el territorio que Dios le daría a su pueblo, se conformó. 

Y aunque el líder natural que podía haber propuesto era Josué quien lo acompañó lealmente en todas sus venturas y desventuras durante los cuarenta años en el desierto y desde antes de salir de Egipto, no lo propuso a él, sino que le delegó a Dios la facultad de decirle quien sería la persona encargada de tamaña responsabilidad. 

Así nos muestra Moisés su talante, su carácter y su profunda dependencia de Dios. Nunca se sintió con la suficiente capacidad para siquiera sugerirle al Señor lo que podría hacerse, todo lo contrario se sometió y sujetó a los designios de Dios, plenamente consciente que los planes del Eterno son siempre mejores que los del hombre. 

Moisés se pudo dejar llevar por la lógica, como lo hacemos nosotros cuando estamos frente a un dilema. En lugar de preguntar a Dios o en lugar de apelar a su soberanía damos por hecho lo que tenemos que hacer, pero la voluntad de Dios no opera así porque los caminos del Señor son indescifrables. 

Moisés pudo haberle dicho a Dios: allí está Josué, es joven, leal, entregado, solidario y temeroso del Señor, pero no, optó mejor por dejar en manos del Creador la decisión de nombrar a quien habría de llevar al pueblo judío a la tierra que Dios había prometido a los patriarcas. Finalmente Dios decidió por Josué, pero fue su determinación.

Eso nos ayuda mucho a comprender que ni lo lógico, ni lo que parece obvio nos da derecho alguno para no consultar a Dios. Aunque sea lo más natural demos a Dios el lugar que merece pidiéndole su intervención en aquellas decisiones que parecen tan irrelevantes en nuestras vidas. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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